Nirvana sobre ruedas

Se ha dicho y escrito mucho sobre la meditación como ejercicio trascendentalista que nos acerca más a la esencia que ya de por sí está dentro de todos nosotros. Un paso más cerca de uno mismo, se podrá pensar, cada vez que uno va dominando más la técnica de la respiración conciente. En mi caso, siempre ha sido complicado concentrarme y profundizar en esa técnica en parte por la vida frenética que antes llevaba, en parte porque quizás no todos podemos hacer el ejercicio de la manera -digamos- más tradicional.

Sin embargo, a unos meses de haber arrancado esta travesía, y como algo que siempre que me monto en la bici pienso… no se ha dicho mucho sobre cómo montar en bicicleta (y digamos viajar en el pleno sentido de la palabra: cruzando montañas y valles, haciendo kilómetros sin retorno) es en una manera quizás más abstracta, una forma de meditación. Otra forma de acercarse al nirvana, me perdonan los puristas, y un camino a la propia liberación.

Y no se crea que estoy más allá del mal y del bien, me falta mucho camino por recorrer, muchos aprendizajes por descubrir y mucha paz que amontonar en mi corazón antes de decir que trascendí; pero no dudo cada vez que extraño a Pantagruela o que me monto e inmediatamente se posa una sonrisa sobre mi boca, que la acción de estar sobre dos ruedas es entrar en un trance meditativo. Y lo sé cuando me monto y el viaje no se acaba si no unas cuantas horas más tarde, bajo otro cielo y otra luz… moviéndome hacia adelante para llegar donde ya estoy.

Ciclonauticus meditabundus
Ciclonauticus meditabundus

Es así que, pensando en modo metafórico, andar de cicloviaje requiere también un mantra que lo ayude a uno a profundizar en el sentido de las cosas; en este caso pedalear. Y para esa conjugación de verbos -tal cual sería un mantra– algunas cosas tuvieron que pasar antes de salir en el viaje, acaso fortuitamente, através de otros capítulos de mi vida. Lo comparto porque verdaderamente me ayuda a mí mucho, y en general porque aplica prácticamente a todo en la vida; y sin ir más lejos podría ser una senda -entre muchas- para encontrar la paz.

Es así que mi mantra es muy sencillo, y se compone de cinco verbos o acciones: respirar, salivar, aceptar, agradecer, confiar. Repetir, pero sobre todo analizar cada acción conforme se va desarrollando el día es para mí una manera de centrarme y disfrutar lo maravilloso que puede ser ir sobre una bicicleta que lo lleva a uno de lugar en lugar, con poco más de lo necesario.

Respirar es sin duda la acción más concreta para demostrarnos que estamos vivos, sin ello no somos. Pero a veces no lo hacemos con conciencia. Para un cuerpo en movimiento y quemando energía, salivar es algo más que engullir saliva, es lubricar los órganos, transmitir balance -en sintonía con la respiración-. Una vez en ese estado tan personal y físico, uno puede interactuar con la realidad de otra forma… sin resistencia. De esa manera uno puede aceptar, por ejemplo, una subida de kilómetros y muchos metros de altura; porque es lo que es y en su esencia es bello. Subiendo y subiendo llega uno a coronar, y qué mejor sentimiento que el de agradecer; por haber llegado con bien, por el aprendizaje que trajo ese camino. Por último, y viendo hacia atrás, uno se da cuenta de que puede realizar todavía mayores desafíos y confiar en uno mismo y la ruta que se va mostrando.

(Om)

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7 thoughts on “Nirvana sobre ruedas

  1. Sin duda me dije a mi misma gracias Diosito porque sino fueras por ti,mano podría hacer todas estas acciones. De veras que somos bendecidos al poder realizarlas, Y a ti hijo el poder reconocerlas..mAdelante y a ponerlas en practica para llegar a donde queramos llegar. Un beso Campeón por tan linda enseñanza.

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