De lombrices caseras y las despedidas

Luego de haber pasado tres agradables semanas en total en el penthouse de mis peces en Cali -incluyendo una donde mis cosas ocuparon un cuarto mientras me fui al Putumayo- y luego de tanto hablar de agroecología, permacultura y manejo de residuos… pues lo más lógico era activar un pequeño proyecto casero de reducción de la cantidad de basura que sacaban Nestor y Steph de su casa. Sobre todo porque cuando se tiene un bebé siempre se generan más desechos orgánicos, por lo que siempre se hacen jugos, y se cocinan vegetales frescos.

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Así fue como nos dimos a la tarea de pensar en un diseño que fuera limpio y bien cerrado para que pudiera ir degradando sus desechos de cocina, mientras producen abonito y se van preparando para la siguiente etapa de tener un huerto de terraza. Con Néstor habíamos visto un modelo de tarros de pintura usados, que resultaban gratis, pero también poco más difíciles de manejar y un poco menos cómodos para las lombrices de desplazarse (mi teoría no científicamente comprobada es que ellas se desplazan mejor cuando los restos se esparcen en una capa más fina de materia orgánica; por lo que un diseño más bien horizantal es más efectivo). Visitamos a otra persona, vimos unas cuántas opciones de materiales en línea, y nos dimos a la tarea de buscarlas.

La aventura de encontrar las cosas incluyó una caótica mañana de sábado (trasnochado), con empanadas, refajo, mango viche, jugos de mandarina… y una perdida de llaves que no hizo más rápido el escape del hervidero de gente que se pone en el centro de la ciudad… Pero se logró, y aunque apenas quedó instalado para reproducir lombrices y multiplicar antes de aguantar cargas grandes de desechos reducidos o licuados, logramos cumplir con la misión y “los peces” quedaron felices y contentos.

Esto fue al último día… o más bien, me quedé un día más para poder concluir el proyecto. Y nada, tocó irse y seguir camino. La verdad que fue como irse de casa/hogar, y no paro de agradecer el encuentro y la convivencia con esta linda pareja, que me acogieron como a un viejo amigo. Y en un extraño y simpático gesto de cariño, a las habitantes de las lombriceras les pusieron las “eduardas”; que imagino ahí siguen comiendo, cagando y siendo felices…

En general, sería genial pensar que mucha más gente se puede sensibilizar con respecto a los desechos orgánicos que tiramos como basura inservible, saturando los botaderos, contaminando fuentes de agua y desaprovechando un recurso reutilizable en tiempos en los que la agricultura urbana puede aportar una solución al congestionamiento de las ciudades y al poco acceso y altos costos de comida saludable… Muy contento de poder ir asistiendo y aprendiendo y conociendo más del fascinante mundo del manejo de los desechos orgánicos. 🙂

 

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