Kanaimö: un mundo de no creer

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Nada menos que la caída de agua más alta del mundo, con 983m en un sólo chorro que desciende desde el Auyan Tepuy

Hay un lugar en el mundo al que siempre quise ir, quizás por el efecto “National Geographic”; quizás porque los lugares recónditos me hacen sentir intensamente que tengo que alguna vez poner pie sobre ellos, impregnar mis pupilas con sus cumbres o doseles y absorber paisajes perdidos en la imaginación.

Es muy reconfortante saber que todavía hay lugares que existen prácticamente intocados desde hace miles de millones de años, que soportan el paso del tiempo en una escala incomprensible para nosotros; donde la luz cruza las riveras y selvas atravesando la espesa neblina que se cierne desde las tardes y hasta las mañanas (quería decir que tampoco llega señal de teléfono, pero sí la hay; así como wifi, pero a precio “especial” para turistas). Al disiparse la humedad y torrenciales aguaceros, el espectáculo visual es indecible: macizos de roca que alguna vez estuvieron unidos con lo que hoy es Sudáfrica. Orografías que forman mesetas de una belleza que quitan el aliento y lo hacen a uno sentirse pequeñito, pero parte de ese mundo vivo.

Acá no hay la prisa de la cotidianidad ni de la inmediatez de las redes a-sociales… acá cada flor que se muestra bajo un salto de agua en medio de un túnel de millones de litros de agua cayendo con una fuerza estrepitosa; o la golondrina que cruza el arco jugando aventurera contra la gravedad; o la explosión demográfica de libélulas en las orillas del río, sobre esos pastos acuáticos tan verdes… son momentos únicos y no se pueden compartir más que por la descripción de estas palabras (aunque me prestaron una cámara a prueba de agua, pero no pudimos luego extraer las fotos :s). Extrañamente la fauna que uno se imaginaría no es tan fácil de ver, quizás asustadas por los motores fuera de borda que abren paso por las aguas. No obstante, mariposas, corporanes y golondrinas iban acompañando el viaje.

La travesía a Parekupe Vena en curiara desde el puerto de Canaima es un intenso recorrido de 80Km río arriba, atravesando una frondosa jungla y formaciones rocosas y rápidos por el río Carrao; atravesando un agua espesa roji-negrosa, cargada de minerales ferrosos que le dan un toque todavía más exótico a la vista. Este lugar, conocido mundialmente como “Salto Angel” -por un piloto-buscador-de-oro que la vio por primera vez desde el aire- se encuentra en medio del Parque Nacional Canaima en el Auyan Tepuy, con 700Kms cuadrados y una caída de casi 1 kilómetro de altura en al que sus aguas caen impávidas e ingrávidas formando una cortina de gotas que tendrán una espectacular vista antes de unirse al río y de allí al segundo río más caudaloso de Venezuela (el Caroní) para seguir al Atlántico desde el Orinoco. Es así que bajo este sol que recorre el mundo de lado a lado, esta es la caída más alta del planeta. Sólo de pensarlo se me eriza la piel.

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Mariposas amarillas, siempre acompañan caídas mágicas…

Los pemones, etnia indígena que milenariamente ha existido en esta zona, consideran los tepuyes como montañas sagradas, y hay leyendas y mitos de guerra y amor alrededor de ellas que van poblando la Gran Sabana de coloridos y particulares sazones. Hoy en día este lugar recóndito es de difícil acceso y casi que exclusivamente para turistas; por lo que su forma de vida también se ha adaptado,  para bien o para mal, a co-existir con forasteros (mayormente de otros países). Y a pesar de ellos, y de yo ser inevitablemente un turista del montón, merece mucho la pena conocer tan maravilloso lugar.

Ver todas las fotos de este viaje acá.

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4 thoughts on “Kanaimö: un mundo de no creer

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