Guerreros por los mangles

Iglesia a la que un rayo partió en dos
Iglesia a la que un rayo partió en dos

En Alcántara, antigua ciudad importante para las clases políticas dominantes antes de que Sao Luis se convirtiera en la capital del estado de Maranhao, hay actualmente un problema con el uso y abuso del río Pepital.

No sólo se ha sobreexplotado el recurso hídrico, sino que también se han utilizado prácticas agrícolas que degradan el suelo y la cuenca en general. Si le sumamos una base militar que están queriendo construir desde hace décadas para lanzar proyectiles/misiles y cualquier otro objeto desconocido (aprovechando que los vientos y la posición geográfica facilitan estas actividades a menores costos), con la consiguiente relocalización de comunidades enteras y cambio de medios de vida de las comunidades de pescadores a agricultores… pues se está ante un reto complejo y que valientemente algunos han asumido.

Dando la vuelta con Claudio Farías
Dando la vuelta con Claudio Farías

En el Sitio Escola Praia do Barco, Marilda y Claudio están involucrados en una articulación de esfuerzos para restaurar la cuenta del río Pepital; los mangles a lo largo de la costa, la cultura local y reinvindicar prácticas más amigables para relacionarse con el entorno. Una restauración total! Es un trabajo que hacen con amor, con arte y con muchas ganas; sin grandes apoyos institucionales y con el compromiso de la comunidad. Claudio se dedica a la fotografía, y le ha valido un importante registro de los mangles, los diferentes tipos de aves y cangrejos y bichos que allí habitan; así como la interacción diaria de la gente con este importantísimo ecosistema.

Allí me fui a enterar de que Brasil tiene la franja continua de mangle más grande del mundo, y de que por lo general – lamentablemente – son vistos como lugares malolientes y sucios, como si fueran basureros naturales. Más triste que eso: sucede en todos los países que tienen la suerte de tener mangles.

Atardecer en Alcántara
Atardecer en Alcántara

Allí conocí la Ilha do Livramento, donde uno de los primeros quilombos (sitios donde se fueron a vivir los negros libres) fueron establecidos y un lugar tan antiquísimo, que hasta huellas de dinosaurios fosilizados se encuentran en algunos lugares. Gracias a Punky, conocí a dona Mocinha, una señora que lleva allí viviendo desconectada de casi todo por muchos años. Ella quiere que la isla se conserve y se restaure, pero necesita mucha ayuda para buscar actividades sustentables que les den la posibilidad de seguir creciendo. Una labor de años, aprecio y reflexión. Estando con ella, solo ahí e intentando de bater papo en mi enmarañado portunhol, y comiendo marañones, sentí un gran paz. Al regresar, se acabó la gasolina y tuvimos que remar, unos cuantos metros de mar al atardecer. Un regalo para las retinas!

Sólo un par de noches no alcanzan para conocer todos los detalles, los paisajes, la gente y la vida de Alcantara, pero bastaron para ver guarás, encontrar sus plumas y rastros, saber que se puede sacar un tinte y fibras de los mangles que les pueden brindar opciones económicas económicas a las personas locales que viven del turismo (usando la marca Mundo Mangue); y para saber que tomar el catamarán de vuelta a Sao Luis en esta época del año (en que el viento es fuerte pa´ caramba!!) es una aventura…

… regresando a Sao Luis ese día me acordé mucho de esa canción de la infancia que mi mamá nos cantaba en la orilla del mar: “La mar estaba serena, serena estaba la mar…” (y luego ir de vocal en vocal). Me valieron para llegar a puerto en ese mar tan cerca de Africa.

 

Aquí las fotos de este periplo.

 

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