Las dunas de arena de Maranhão

En algún lugar al sur del litoral del Estado de Maranhão -incluso todavía entre esa franja larguísima de mangle-, que es hogar del indescriptiblemente rico fruto del Caju, están los Lençóis Maranhenses; un paraíso de dunas que no tiene parangón.

Lagunas entrando por Santo Amaro
Lagunas entrando por Santo Amaro
Con Marcelo, y a punto de firmar el "libro" de visitas atrás
Con Marcelo, y a punto de firmar el “libro” de visitas atrás

Allí llegué gracias a los buenos oficios de CouchSurfing, pero sobre todo de mis amigos de São Luis, que me conectaron con Marcelo, agroecólogo alumno de Gui. Allí llegué a -sin mentir- Paraíso do Caju. Un lugar que es un hostal, pero que para viajantes simpáticos siempre hay un espacio debajo de algún árbol de marañón (caju) para acampar. Allí aprendí que cada árbol es diferente, y que cada fruta de cada árbol tiene su particularidad genética. Sólo de uno coseché muchas nueces y frutas, para hacer pulpa y tostar las semillas. También acá fue uno de los últimos lugares donde pude comer açaí o buriti del modo tradicional.

 

 

Acampada en la buena compañía de los muchachos de la CRF de Barreirinhas
Acampada en la buena compañía de los muchachos de la CFR de Barreirinhas

Pero vuelvo a las dunas… Antes de llegar acá pasé unos días super locos saliendo de São Luis, evitando la carretera principal, que me llevaron a Raposa para tomar un barco en el que pasé la noche más parecida a estar en una batidora de mi vida. Además, sin querer queriendo ví guarás cara a cara y delfines nadando dentro de los mangles.

Al volver al asfalto casi me hinco  a besarlo, me dí cuenta que la arena no es un lugar donde la bicicleta es tan bienvenida… Y luego de pasar una noche con estudiantes de agricultura de las Casa Familiar Rural llegué a Barreirinhas. Esta iniciativa es muy valiosa, y se desarrolla en todo Brasil para fortalecer la agricultura familiar. Lo que yo no sabía era dónde estaba el campo, porque todo lo que había visto hasta ahora esa mucha arena, mucha tierra seca, y mucho viento en contra (bueno, ese no lo ví tanto). Pero de que habían miles y miles de árboles de marañón en flor, en fruto, caídos, listos para comer, etc etc… de eso no había duda (mmm, y el aroma al ir pedaleando).

 

Será que me baño? :p
Será que me baño? :p

Las dunas ocupan un área grande del litoral (apenas más de 150 mil hectáreas), con arenas perennes que se mueven (como tienden a hacer las dunas) y donde ningún lugar es siempre el mismo. Si uno pudiera fluir como un grano de arena! Lo más increíble de este lugar es precisamente el hecho de que cuando es la época de lluvias, entre las dunas se forman unas piscinas increíbles de aguas frescas que se van lentamente absorbiendo en la tabla de agua superficial de estos arenales. Y ni qué hablar de los baños allí, en plena soledad y más desorientado que un perro en misa…

Zé Joao guardando sus ovejas
Zé João guardando sus ovejas

Y aunque es un parque nacional desde hace 30 años, es también el hogar de muchas personas desde hace mucho más, desde colonos a quilombolas, por lo que es posible visitar estos pueblitos caminando entre las dunas por días y conocer sus modos de vida.

 

 

Yo, como no tenía ni plata ni ganas de caminar entre arenales por días, fui más bien a pasar un par de días en una de las entradas donde se juntan el río Preguiças y el mar, en Atins. Allí encontré a un pescador que tenía un rachito donde vendía cerveza, pescado y lo que fuera. Este ser humano iluminado y desconocido, nunca supe su nombre ni lo registré en fotos, me enseñó algo que algún día quisiera yo también sentir: que no hay mejor lugar para estar que allí. Me dijo, al mismo tiempo que exprimía buriti con sus manos y lo colaba en un tazón mientras esperaba el pescado recién sacado del mar que se asaba en la parrilla: “yo no quiero estar ningún otro lugar que no sea aquí, para mí es lo mejor del mundo, no quiero conocer París ni Europa ni nada”. Me quedé boquiflojo.

La super luna se prepara para el espectáculo nocturno
La super luna se prepara para el espectáculo nocturno

En Canto dos Atins, unas dos horas caminando entre arenales y mar, pasé una noche inolvidable, donde me dormí tan profundamente que apenas si pude ver un eclipse de luna de esos que pasan sólo cada tantos años. Dormir en una hamaca en las dunas, en luna llena, con el mar y el viento soplando a sus ritmos propios; ¡esos sueños no tienen precio!

De vuelta para Barreirinhas, quedándome con Marcelo y Patricio, era inevitable pasar horas en la hamaca mirando el tiempo pasar y dejando libres los pensamientos batendo papo (o sea: hablando paja en idioma costarricense). Dicen que el nombre Maranhão tiene que ver precisamente con que todo es muy enmarañado (como las ramas y raíces del caju); con sus aguas y sus gentes, sus culturas y sus vientos…

…donde un día el sol se pone y una luna abriga otra esperanza.

 

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2 thoughts on “Las dunas de arena de Maranhão

  1. Lo de “bateando papo” lo desconocía. Imagínate! Y que lindo el man que no quiere ver más lugar que aquel en el que vive. No quiere más que su presente pensé. ..linda imagen.

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