La Soledad, mi compañera de viaje

Foto sin pose ;-)
Foto sin pose 😉

Mucha gente me pregunta cómo hago para viajar solito, si no me aburro, si no es peligroso, si no me da miedo, en fin… como si estar solo no fuera un estado natural del ser humano. Digo, al final estamos solos con nosotros mismos incluso interactuando con otras personas o seres. Sin embargo, esta nota no trata de una apología a esa soledad con la que tanto me las he venido apañando por más de un año ya, no. Se trata de otra Soledad, mi madre.

 

Con la camiseta puesta! Caminando alrededor del cerro de los 7 colores, Purmamarca
Con la camiseta puesta! Caminando alrededor del cerro de los 7 colores, Purmamarca

En enero me tocó la dicha de volver a compartir mochilas en Córdoba (Argentina) con ella, para conmemorar sus 70 años transitando por esta vida. Lindo ver para atrás y descubrir que hace diez años también nos encontramos de viaje por Escandinavia, para sus 60 vueltas al sol; lo cual no deja lugar a dudas de que de tal palo tal astilla, y de que no hay que sorprenderse tanto de mi naturaleza viajera -no vamos a decir errante-.

Cataratas de Iguazú
Cataratas de Iguazú

Tocó este encuentro luego de mi curso de vipassana, así que venía como reseteado y con mucha paz en el alma; y sobre todo con muchas ganas de compartir y observarla a ella no tanto como hijo, sino como compañeros. Y es que, aunque uno la quiera a la madre de maneras que las palabras no alcanzan para describir, también uno tiene sus mañas y modos y ya no es un nene (pero bueno, de cualquier modo para la madre uno siempre es el bebé, cierto?). Así que fue muy útil esa paz interior para pasar casi un mes, a toda hora y lugar, con mi querida doña Sole y sus amigas. Y supongo que viceversa.

Encuentro con mi hermano el Alva
Encuentro con mi hermano el Alva

De cualquier modo fue una vivencia espectacular, y nos acompañamos a visitar algunos lugares comunes y gente querida en San Luis y Calamuchita; así como estar en la grata compañía de Adriana y la nona -amigas de ya muchos años y donde hace 10 años paré con la bici también- y la prima Lili. Tocó hacer cosas serias como ir al teatro (por cierto, primera vez que voy al teatro a ciegas, lo cual estuvo muy bien!), o conversar de temas trascendentales como la vejez, la vida y la muerte; o el palito de selfie.

Con don Atahualpa en Cosquín (4am)
Con don Atahualpa en Cosquín (4am)

Recorrimos literalmente miles de kilómetros del norte de Argentina; de lado a lado cubriendo desde Jujuy hasta Misiones. Nos sorprendimos con la polenta y tuve con quién sentirme afín sobre los extraños horarios de comidas. En Purmamarca vivimos el carnavalito, en Córdoba fuimos a ver folclore en Cosquín y en Iguazú nos llenamos los ojos de cataratas. Una belleza paisajística y mucha cultura popular!

Soledad, llama y sal
Soledad, llama y sal

De ella aprendí que la alegría la trae uno adentro, que uno no cambia a nadie salvo a uno mismo y que aunque seamos tan distintos en muchas cosas, somos de los mismos… y muy importante: que las fotos mejor sin pose (sarcasmo cariñoso). Dato curioso que hasta ahora observé: mi madre sujeta el tenedor con la mano derecha y el cuchillo con la izquierda (y no es zurda); y para cortar lo hace como “normalmente” lo hace la mayoría. Esas cosas de la observación.

Y así, en medio de la noche en alguna calle de Santa Fé, me dejó el bus en el que veníamos de Iguazú… Tal como nos encontramos, nos despedimos. Hasta una próxima vez, en algún otro lugar. Pero mientras llevo en el corazón a mi Soledad, que me acompaña siempre.

 

Todo el recorrido fotográfico de este verano en Argentina, se encuentra acá.

 

Print Friendly, PDF & Email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.