La pifia del viajero

Hoy amaneció el día a 9 grados, y según el gurú del viento se espera una baja durante todo el día que culminará con mi primera acampada bajo o cerca de cero en el último año y pico. Luego de dos semanas estacionado siempre resulta un poco más difícil mover algunas partes del cuerpo que de a pocos se van ajustando al engranaje del pedaleo, la acción y reacción en armonía que parece un sosiego.

Vista del Rio do Peixe, Tangará (antes del frente frío)
Vista del Rio do Peixe, Tangará (antes del frente frío)

Y bueno, hace dos semanas para llegar al Sitio Guayi me pasó exactamente lo mismo que hoy: me colgué… Aquel día me di ciertas licencias con respecto a la ruta que, a pesar de que tengo un destino en mente, al final la ruta se convierte en una suerte de signo de pregunta. Y por colgado, me pasé 20 kilómetros del cruce donde tenía que virar para Tangará. Como todavía era relativamente temprano y venía digamos con buen aire, pues me decidí a llegar de nuevo al punto donde erré. No contaba con una tormenta que desató una rayería y una cantidad de agua que constrastaba con lo que había sido un día apacible y hermoso para pedalear por la vida. En lo que iba regresando me topé a un ciclista y confirmó lo que ya sabía: tenía que volver o hacer bastantes más kilómetros. “Al menos ahora conoces otra parte de las sierras”, me grita optimista mientras yo ya iba medio refunfuñándome en mis adentros. Esa noche llegué tiritando a un puesto de gasolina, vencido por la tormenta.

El resultado de colgarse.. unos cuántos kilómetros adicionales, que depende del día y la hora pueden ser pEsAdOs
El resultado de colgarse.. unos cuántos kilómetros adicionales, que depende del día y la hora pueden ser pEsAdOs

Viendo para atrás me acuerdo de dos otras veces en las que me pasó. La primera en el valle del Cauca (Colombia), día que acabé pedaleando 160Kms para llegar a lo de Nando, mi warmshowers allá por el eje cafetero. Y bueno, aunque hay cierto grado de presión porque uno no sólo se pasó 20Km, sino en realidad son 40, pues da para pensar en cómo es que uno queda así de colgado en la ruta. Porque voy atento a los rótulos (cuando hay) y de vez en cuando preguntando. Consulto wikilocs y googlemaps. En todo caso, pasa. Son gajes del oficio. Total, si de más de 11000kms pedaleados, pifié 80 es una estadística más bien simpática y anecdótica.

 

Minutos antes de pifiar por segunda vez...
Minutos antes de pifiar por segunda vez…

La segunda vez fue en Minas Gerais, cuando un trecho de la Estrada Real se junta con una autopista. Allí conocí a Ricardo y su esposa, quienes me invitaron a almorzar (y me develaron el misterio de la coxinha). Luego para salir me indicaron la calle que había que tomar, y yo -muy colgadamente- tomé el sentido contrario. Otros 20Kms que se duplicaron para volver a llegar al punto inicial, en una de las peores carreteras para pedalear que he pasado. Cómo se logra ese nivel de desenfoque? No lo sé, pero hay que aceptarlo y dejarlo pasar…

Volviendo a las sierras catarinenses… la situación era un poco más compleja, porque el otoño -que se comienza a parecer a invierno- está trayendo algunos frentes fríos con lluvias y bajas temperaturas. Para la noche estaba prevista una baja a -1 grado. Aunque en teoría debería poder sobrevivir en la carpa y con mis tiliches de camping, siempre es bueno evitar fríos extremos y no comprometer la salud física y mental. Y aunque ya tenía a donde llegar en Caçador puse las barbas en remojo y pensé: no vale la pena deshacer lo andado hoy, vale más la pena encontrar un lugar (gratis) dónde dormir.

Con frío o sin frío hay que estirar...
Con frío o sin frío hay que estirar…

Los bomberos son mi primera opción favorita. Llegué con determinación y calma, di mi tarjeta, expliqué la situación y listo: tuve un cuartito del nuevo cuartel de Fraiburgo (todavía en obras) protegido del viento y el frío. Por cierto que ese “toque” de la tarjeta es literalmente una llave que abre puertas. Recordé aquella simple y bella enseñanza de la ruta que me dejó aquel ciclista por Campos Novos: “ahora conoces otra parte de las sierras”.

Andar de bici y viajando en general es eso, es sorprenderse del camino, ver las pifias como una oportunidad para ver la vida desde otro ángulo que, si bien no era el planeado, tampoco está mal. Mañana también va a estar frío y al menos hoy voy a poder descansar y que el cuerpo mañana se pueda enfrentar mejor a estas condiciones. Que sirva de anticipo a la Patagonia: días de menos de 10 grados, lluvias y los intempestivos vientos del Sur (eso durante el verano austral!).

De las pifias se aprenden lecciones, se aprende a reaccionar mejor la próxima vez; a tomarse con calma el presente. Por más mapas que hayan, y ruiditos que hagan los aparatos que se lleven, no hay nada mejor que quedarse colgado por ir concentrado en pedalear, en ese subibaja de piernas y movimientos de las manos y posiciones imprevistas al reaccionar ante lo desconocido; que es donde se puede encontrar un pedazo de uno mismo.

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3 thoughts on “La pifia del viajero

  1. Cómo en LA VIDA… Bro te lo dice alguien que ha pifiado más de dos… bueno sólo queda sacar lo provechoso de detenerse y verse a uno mismo… Boa Viagem

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