Entre sierras y araucarias

 

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El sur de Brasil me atrajo por el litoral hasta por ahí de Florianópolis… Pero acabé no conociendo ni allí, ni la Serra do Rio do Rastro ni otros tantos lugares que ni sabía existían; pero que fui conociendo en diferido al ir recorriendo Santa Catarina y sus sierras. Luego de dos semanas en Tangará, trabajando con Ana y André, quedé fascinado con las araucarias y quise dibujar una ruta que me llevara a la frontera con Bolivia aprovechando al máximo los parches de bosques naturales de este impresionante árbol.

 

La familia de Ana y André
Despedida de los compas en Tangará

Mi consejero electrónico de rutas (googlemaps) dio un itinerario que parecía interesante; el cual triangulé con algunos otros relatos y salí en busca de las tierras más calientes. Tarea que no resultó del todo sencilla, pues tocó justo viajar en días de frío y a veces lluvia. El otoño dándole chance al invierno. También mostraba redes viales alternando caminos federales, estatales y vecinales. Todas varían en calidad, tráfico y orografía. Al final, salvo un trecho que no existía en la realidad, llegué bien.

De cualquier modo, y a pesar de que no estaba del todo cómodo con la situación climática y más de una vez me asusté de que iba a pasar una noche helada… sobreviví y pude dejar más peso atrás. Pareciera como si los duendes de la hospitalidad hubieran activado los couchsurfers/warmshowers más buena gente, y los pusiera en mi camino. Hasta los bomberos y un amigo recluso… toda gente fina y con buena onda para echar un hombro.

En el camino de Tangará a Caçador pifié en el camino y acabé en Fraiburgo; en la peor zona de Brasil para perderse la posibilidad de llegar a una casa segura. Peor porque es donde se registran históricamente las temperaturas más frías y justo estamos en eṕoca de heladas. Hay un lugar inlcuso donde cae nieve todos los años. Por suerte los bomberos salvaron de nuevo la tanda, y la luz en el día tiene un brillo particular.

Tengo la extraña suerte de que los días que pedaleo fuerte hay alguna actividad celebrativa :p
Tengo la extraña suerte de que los días que pedaleo fuerte hay alguna actividad celebrativa :p

Saliendo de Caçador me di cuenta de que pedalear y tener resaca no van del todo. Luego de haber vencido mi primera helada en el patio de seu Rosinei – quien amablemente me dejó con un monte de madera para quemar luego del delicioso churrasco- parece que no contaba con tanta alegría de encontrar ciclistas comelones y amigueros. Los vinos estaban muy sabrosos con el frío, pero la combinación para “experimentar” con la cachaca catarinense dieron un golpe en seco a mis ganas de pedalear -encima- cuesta arriba por como 20Kms. Así que esa noche paré en Calmón y como hacía tanto frío me dormí retemprano.

Fabio luego de destrabar al tornillo quebrado
Fabio luego de destrabar al tornillo quebrado

En Porto União conocí a Fabio, un hombre de 32 años preso desde los 18 condenado por robo. Le quedaban 4 años de cárcel y a estas alturas podía trabajar en los bomberos de albañil; allí fue que lo conocí. Me sorprendió su forma de ver el mundo, sus ganas de viajar y su entusiasmo por escribir un libro de sus vivencias. Con él arreglamos el tornillo quebrado y enroscado que necesitaba una mano para arreglar. Crucé el río Iguazú, y justo en Mallet me cayó la primera helada, pues los bomberos me sugirieron acampar en el parque. Ahí no voy a decir que dormí cómodo y con los pies tostaditos. La verdad que todo lo contrario; pero valió el aceite y la cachaca que acompañaron la cena de polenta, para dar trabajo al metabolismo.

Ahí todavía no parecía que iba a hacer tanto frío
Ahí todavía no parecía que iba a hacer tanto frío

Salir a 3 grados de la carpa no es lo más alentador que hice en la vida, pero esos fríos minutos que anteceden al contacto con el sol se desvanecen ante la alegría inmensa de dejarse acariciar por la mañana. Unas horas más tarde estaba pasando de los 30 grados en mi termómetro -y quitándome todas las ropas-; atravezando rutas vecinales que cortaban entre la maraña de carreteras, ahorrando camino y nervios -porque aquí no andan camiones grandes-.

Sesión sicoanalítica: el caso del ciclonauta
Sesión sicoanalítica: el caso del ciclonauta costariquenho

En Prudentópolis me recompuse, encontré un gran ser humano y ví un Brasil compuesto de un paisaje como si fuera europa del este o germánica… Campos y campos de soja y maíz cubren el tapete, y los pueblos están llenos de rubios y rubias, con apellidos como Saviski, que recuerdan a los inmigrantes ukranianos de los 50s. En Guarapuava hice un amigo muy especial que me cautivó por su niñez: Lucio. Tres años de pura energía e inocencia. Más comida rica, más lluvia y mucho descanso; y encima una nueva idea para la bici…

Waldir, Fabiola y Lucio... mi familia de Guarapuava
Waldir, Fabiola y Lucio… mi familia de Guarapuava. Fotos: Fabiola Ferreira)

En Campo Mourão, luego de pasar una noche en un albergue en Pitanga que recordaba un poco a una cárcel, encontré el extensor de forco para subir el manubrio de Pantagruela unos 3-4 cms. Con esto tendría menos presión sobre una contractura que cada tantos meses molesta un poco. Para esto fue estratégico el apoyo de Marcos, que me guió por la ciudad y me presentó más gente buena. Los siguientes 100Kms hasta Umuarama fueron una delicia, y de nuevo la suerte me ubicó con gente que sobre todo me dio espacio para descansar y disfrutar de los pequeños placeres de la vida sedentaria por un fin de semana (y más dosis de análisis coyuntural de la situación política de Brasil).

A menos de 100km comienza Mato Grosso do Sul, dicen que con caminos menos columpiados y montañosos; y donde se encuentra el humedal más grande de este hermoso planeta en Pantanal, haciendo frontera con Bolivia y Paraguay.

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