El arduo trabajo de la conservación y la acción

Travesía hacia el campamento base sobre el Río Piedras (4 horitas para relajar y observar aves y bosques)
Travesía hacia el campamento base sobre el Río Piedras (4 horitas para relajar y observar aves y bosques)

Por mucho tiempo me he visto entre dos aguas, las de la conservación pura de la naturaleza y las del ecologismo que incorpora la influencia e interacción de los humanos con nuestro entorno. En una se llega a niveles de “purismo” a veces insostenibles, frente a un mundo altamente poblado y con pocas posibilidades económicas; y en la otra se pasa luchando contra la “satanización” de las comunidades locales que – a falta de herramientas para potenciarlas – acaban pisoteando sus derechos y contra un modelo de “desarrollo” las más de las veces abstracto y excluyente.

Gigantes dentro de la concesión, donde a pocos metros circulan jaguares y dantas
Gigantes dentro de la concesión, donde a pocos metros circulan jaguares y dantas

Y así, mientras trabajaba con varios tipos de organizaciones en diferentes niveles fue que conocí a los chicos de ARBio, que desde hace unos años han establecido su base en Tambopata, en la amazonía peruana. No en vano fueron siempre uno de los socios más animosos y con ideas nuevas que conocí en la red que trabajaba en restauración de ecosistemas; sino que también se mueven en muchos ámbitos: desde la agroecología, la conservación y el análisis de ciclo de vida que pueda fomentar relaciones comerciales más sostenibles y justas. Desde que salí de Costa Rica, no sabía muy bien cómo, sabía que iba a dar una pasada por allí.. y enhorabuena!

ARBio cuenta con una concesión de casi 1000 hectáreas a uno de los márgenes del Río Piedras, a unas ocho horas río abajo de comunidades todavía no contactadas por la cultura “occidental”; lo cual en estos parajes es apenas una ínfima fracción de selva, mas el trabajo y empeño que le ponen a su trabajo no es nada despreciable. Con un equipo humano limitado, tienen también conexiones con grupos en Europa; así como una creciente trayectoria de investigación-acción en la región de Madre de Dios que no deja de ser impresionante.

 

En el bosque, pequeñas interacciones parasíticas permiten el flujo continuo de la vida
En el bosque, pequeñas interacciones parasíticas permiten el flujo continuo de la vida

Días sin horarios, jornadas apasionadas que van desde deshierbar a mano un par de hectáreas de un experimento en forestería análoga y pruebas con biofertilizantes y biochar; hasta conducir un bote por horas para llegar al campamento base en medio del pleno bosque; labores de vigilancia; informes, búsqueda de fondos, pagar el agua y la luz, relaciones sociales, alianzas institucionales… Todo mezclado en cada aspecto de la vida, entre almuerzos y reuniones o ideas que surgen a la luz de algún documental sobre la verdad oculta de la influencia de la producción de carne sobre el cambio climático. Muchas cosas pasando, muchas ideas, mucha energía y faltan tantas manos.

 

 

Y así, la madera preciosa sale hasta cortada y en vía a Estados Unidos o Europa
Y así, la madera preciosa sale hasta cortada y en vía a Estados Unidos o Europa

En la región de Madre de Dios, y directamente relacionado a la construcción de la carretera interoceánica -que une las costas pacífica y atlántica entre Perú y Brasil-, la presión sobre los bosques amazónicos se hace sentir no sólo en la directa deforestación para dar paso a ganado o monocultivos, sino también en la creciente actividad minera de pequeña y mediana escala. La contaminación de los ríos es rampante, y la ruta de la sobreexplotación de especies amazónicas para madera o frutos (ej. nuez brasileña) ameritan medidas que puedan de alguna manera mitigar este “caballo desbocado” que presupone el mentado desarrollo de los pueblos. Ni hablar de que aún Perú mantiene una prohibición sobre los organismos genéticamente modificados (que se rumora el nuevo gobierno quiere vetar), lo cual ya estaría significando la expansión de la soya por estos parajes.

 

En la selva fui a encontrar un amigo, Michel
En la selva fui a encontrar un amigo, Michel

Michel y su equipo me mostraron un ejemplo de tezón y esperanza, en un entorno no siempre favorable donde quieren demostrar con el ejemplo alternativas productivas y de conservación que puedan enganchar a usuarios de estas tierras poco fértiles mas riquísimas en biodiversidad y evitar su rápida destrucción. ¡Una labor titánica! Falta mucho por hacer allí, y muchas manos más para sumarse a esta labor y apoyar el trabajo de organizaciones que trabajan con pocos recursos mas infinitas ganas. Una de ellas es la adopción de hectáreas de la concesión, que permiten financiar los costos de patrullaje; así como la manutención de una finca demostrativa y diversificada que aún esta por dar frutos (la última inundación -así es la vida en los trópicos- causó estragos y hubo que comenzar de cero).

 

El tiempo, que no espera a nadie, me indicó luego de un par de semanas el rumbo hacia Lima, mas marcó sin duda una linda experiencia de esperanza por el trabajo de valientes y animados profesionales, que aman el bosque tropical y procuran un mundo mejor en medio del pulmón del planeta. Un paraíso que merece un espacio para existir en silencio y en su propia armonía, como aún lo saben vivir muchos grupos humanos que han decidido permanecer no contactados en las profundidades de la selva.

 

Chakramama, finca experiemental en fase de crecimiento
Chakramama, finca experiemental en fase de crecimiento

 

 


Tambopata en el corazón

Pintura del río cósmico, mostrando la cosmología Inca (Qoricancha)
Pintura del río cósmico, mostrando la cosmología Inca (Qoricancha)

Luego de unos días de -no miento si digo- retiro espiritual contemplando el río cósmico tantas noches bajo el mejor cielo del mundo, en el Lago Titicaca, llegó la hora de cruzar a Perú. Estoy yendo por dos excelentes excusas: conocer el proyecto de los amigos de ARBio en la amazonía y reencontrarme con Tania en Lima para -entre otras especias- evadir el invierno más al sur yendo hacia Uyuni. Confirmadamente las temperaturas están muy por debajo de los 10 grados bajo cero, y este ciclonauta tiene intolerancia crónica a los fríos extremos.

 

 

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Cusco me recibió a -1 un grado a las 6am, no sin antes volver a pasar uno de esos sustos fronterizos que me suceden de cuando en vez. Tomé el último bus de Copacabana para llegar temprano a Cusco, y nos tocó pasar el puesto frontera casi de últimos. Resulta ser que hace algunos años hice una parada entre vuelos de Argentina a Costa Rica. Una noche en Lima, apenas tiempo para probar mi primer anticucho. Siete años después todavía nadie se enteró de mi salida, porque se borró en su sistema, y ahora el tipo del escritorio de una frontera entre el lago y la nada, me quería cobrar la simpática cifra de US$2900.

Yo no pude más que reírme y pensar que era un chiste; al final me había pasado algo igual en Guatemala. El tipo no quería dejarme ir sin pagar la multa, o me estaba dando una señal que no entendí para la coima. De todas maneras el chiste se puso serio, y en todo caso se cansaron de no darme la razón (que no era mi problema, por supuesto) y al final -para no alargar esa última hora de la jornada laboral- me sellaron 40 días, ni más ni menos.

Ese día en Cusco fue para reconocer un lugar en el que había estado hace ya tiempo, en otra vida parecería, pero que hasta identificaba y me sentía familiar en cosas, y en otras se me hizo totalmente ajeno. Como la cantidad de mochileros -grupo al que ahora yo pertencía- por todas partes. Y es que ya uno lleva “la procesión” de la fiesta en otro ritmo. De todos modos sirvió para darme cuenta que la pizza sabía mejor en Bolivia, y de que algunos tours eran tan returs, que hasta me dio la impresión de ser todavía más envilecido por el turismo que ticolandia. Como el mochileo acabará aquí en poco más de un mes, tampoco era momento de planear mucho, sólo ojear.

Vista del Ausangate y los pueblitos de altura
Vista del Ausangate y los pueblitos de altura

El bus desde Cusco hasta Puerto Maldonado, en el departamento (más biodiverso del Perú, decía un rótulo en el camino) de Madre de Dios, tardó apenas unas 10 horas. Es tan rápido porque ahora existe la carretera Interoceánica, la cual como su nombre indica une el Pacífico con el Atlántico atravezando uno de los corazones – de los pocos que van quedando – del bosque amazónico. Michel, mi colega-anfitrión-y-finalmente-amigo, me dijo “mejor tómate el bus de día, porque la vista es impresionante”. La verdad que no soy muy fanático de los días largos de bus, pero tomé su consejo. Y fue espectacular cruzar al lado del Ausangate (a más de 6000m de altura, con sus impresionantes glaciares), y empezar a descender -por kilómetros y kilómetros- de selva verde esmeralda, espesa, extraordinaria.

 

 

 

Ayudando a macerar la ayahuasca (Foto: Reyes Rodriguez)
Ayudando a macerar la ayahuasca (Foto: Reyes Rodriguez)

Volví a uno de mis biomas favoritos, iba a visitar a los compas de ARBio, cuya organización nace justamente para enfrentar el problema de la devastación del bosque que supone la construcción de la mega-carretera, dando opciones a los que manejan bosque de implementar alternativas más sustentables y a la vez productivas. Todo eso, y la verdad que es admirable el trabajo que hacen. Así que bueno, llegué y me sorprende de nuevo encontrar gente maravillosa, un bosque hermoso a los márgenes de los ríos Tampobapata, Madre de Dios, Piedras… Como iba por un par de semanas, pensaba que iba holgado con el tiempo; pero como sucede a menudo: se pasó rápido y parece como que hizo falta más… pero también aproveché muchísimo y lo pasé de diez.

Todos los días había alguna gestión que hacer (desde hacer mandados oficinescos, hasta buscar un costurero para hacer reparos de ropas, hasta estar tirado en la hamaca horas sin término reflexiondo sobre uno de mis mayores descubrimientos de lo que se va dando en este mi viaje: siento que he crecido. Y no lo escribo para alardear, sino porque es parte elemental de la historia y de todo este tiempo en los caminos de la vida.

 

 

Playa Botafogo, Río Tambopata
Playa Botafogo, Río Tambopata

 

Dio tiempo de conversaciones muy íntimas e introspectivas, de lecturas en la selva, de ver las pisadas del jaguar, de tomar la medicina ayahuasca, de soñar una vida allí incluso… Las noches de “friaje”, término que no conocía y que acabé experimentando en primera persona -junto a una copiosa tormenta amazónica- comenzarían a acenturar mi tos pos-zambullida-en-el-gran-lago que me acompañó varias semanas.

 

Amanece sobre el río Tambopata
Amanece sobre el río Tambopata

Maravilloso lugar, caótico y caliente, azotado por el flagelo de la minería (sus ríos tienen muchísimo mercurio), el desmatamiento por monocultivos varios (hasta de mi querida papaya) y un crecimiento urbano importante. Mi tiempo va marcando un cambio, que he venido celebrando con el calor humano de gente excepcional; llegar del gran lago en lo alto a las grandes llanuras selváticas… el futuro está por venir.

 


Mandioca para todo y para todxs!

Preparación tradicional de farinha (harina). Estado de Pará
Preparación tradicional de farinha (harina). Estado de Pará

Desde antes de la llegada de los conquistadores a América, la yuca (como es conocida en Costa Rica y centroamérica) ya estaba diseminada hasta México, siendo su origen en el sur de la Amazonía.

Es por eso que esta planta (Manihot esculenta) es virtualmente omnipresente en Brasil. Tiene varios nombres y usos; los que yo más escuché fueron: mandioca, macaxeira y aipim. Al ser una planta rica en almidones, es un complemento de otras fuentes de proteína y fibra, y su procesamiento en harina y goma la hacen muy versátil y duradera.

Elaboración de tapioca en Curitiba
Elaboración de tapioca

Mi descubrimiento favorito fue la tapioca, que es como la versión brasileña de las tortillas, que se hace en una sartén caliente y se acompaña con dulce y salado. Además, la harina puede acompañar desde el delicioso açaí, hasta platillos más elaborados con frijol o carnes (o bananos!).

No cabe duda que en Brasil la mandioca es una planta que no falta en el campo yCuri cualquier clima y condición de suelo. Un regalo que indígenas y agricultores han sabido cuidar y mantener por siglos y siglos, presente en las mesas de todos los brasileños.

 


Tomate de árbol: otro maravilloso refresco

Otra solanacea que se ubica dentro de las bebidas favoritas de los colombianos. Esta singular planta, que por algo le llaman también tomate de yuca (hay algo en su forma que evoca al también delicioso tubérculo), es un fruto infaltable en las mesas de los colombianos, y sus cultivos parecieran abundar por todo lado que uno pase por las cordilleras de Colombia.

Campo con control de hierbas vacuna
Campo con control de hierbas vacuna

Algunas fuentes revelan que hay más de 6000 hectáreas produciendo este fruto por un valor de hasta $60 millones de dólares al año. A mí me parece que hay más, o de veras que tienen una muy alta productividad a pesar de algunas dificultades técnicas y sanitarias, porque es rara la semana que uno no se toma al menos unos cuantos vasos de jugo de tomate de palo.

Curiosamente, este fruto también tiene algunos parientes amazónicos, con otras texturas y colores y acidez(es), pero también sabrosos y refrescantes. Se dice que, además de su alto contenido en vitamina C, es fuente de vitaminas A, E y B5… así que ha de ser buena para todo!

Tomate de árbol (Fuente: Wikipedia)
Tomate de árbol (Fuente: Wikipedia)

Yagé, cordón umbilical

Plantita de yagé creciendo en el restaurante de arepas al horno

Creo que la humanidad desde siempre ha sentido un profundo desconocimiento de cómo llegó a este mundo, del sentido del presente, de la capacidad que tenemos para enfrentar las pérdidas, del misterio de la vida… y eso nos ha llevado en muchas direcciones y corrientes: religiones, filosofías, ciencias, estilos de vida, creencias, ritos, etc. Y entre tantas cosas que hay, existe lo que utilizan desde tiempos inmemoriales los indígenas Amazónicos, una planta sagrada y de poder, conocida -entre muchos otros nombres- como yagé (Banisteriopsis capii).

A través del uso chamánico (no lúdico) de esta planta, las personas pueden conectar con su propia naturaleza y trabajar desde allí para sanarse. Por eso los taitas se refieren al mismo como “remedio”. El brevaje es preparado ritualmente, y aunque hay mucha gente allí afuera que se dice “taita”, no todo el mundo sabe administrar realmente el remedio ni guiar con luz a los corazones que quieren sanarse. Así que ojo al piojo! Independiente de cómo actúa a nivel neuronal esta menjurje mágica, es importante reconocer su valor cultural y etnobotánico.

Es increíble pensar que la combinación de un bejuco con un par de plantas más en la inmensidad biológica del Amazonas pueda tener un efecto tan profundo y contundente. Cómo lo descubrieron los indígenas hace cienes de años es algo que me vuela la cabeza y me hace pensar en contactos con seres de otro(s) mundo(s)… pero bueno, el misterio permanece y no hace falta descubrirlo; mas sí valorar y aprender de lo que el remedio puede mostrar a cada persona.

Bejuco que va del suelo a cielo... (Fuente: Taringa.net)
Bejuco que va del suelo a cielo… (Fuente: Taringa.net)

Cantaba el taita durante la ceremonia una hermosa letra de regocijo y unión, algo así como “yagecito cordón umbilical, de la tierra con el corazón del cielo”. Un vehículo sagrado para converger con nuestra esencia y la de la naturaleza; para reconectar con lo misterioso que hay dentro del corazón de las personas.

Independientemente de las pintas, o visiones, que para muchos resultará fácil de juzgar como algo muy superficial e incluso un comportamiento condenable moralmente, la toma de remedio es una forma de reafirmarnos y buscar paz, sanación y sentido… en un mundo muchas veces carente de este. En tiempos en que la humanidad se ha convertido en el enemigo por excelencia de la naturaleza, depredando sin saciarse de sus riquezas y tesoros, conviene mirarnos hacia dentro y reconocernos como parte de ella. Es aprender a usar el verbo para orar, agradecer y vibrar con el todo… en armonía.

Hacer parte de un todo... aceptando, agradeciendo y confiando
Hacer parte de un todo… aceptando, agradeciendo y confiando (Fuente: Taringa.net)

Así que sólamente la suerte de haber estado en el suelo y clima de donde esta planta es originaria, y brillado desde muy adentro para conectar con el corazón del cielo – gracias al acompañamiento de gente dedicada y seria en las artes chamánicas de las llanuras amazónicas – no deja de ser para mí, más que otra experiencia, una bendición.

También me llamó mucho la atención el consejo que daba el taita, de dejar esa música nostálgica que no responde ni ayuda en nada, y más bien usar la música para traer energía positiva, agradecer y llenar el mundo de cosas buenas. Acá se me juntan varios temas, como pensar en músicas de alabanza de lo que -para mí- son más bien religiones trasnochadas; pero no dejan de tener sentido sus palabras. Como amante de la vibración y la música, me hizo pensar mucho, y mientras pienso en eso, me voy silbando una rolita para acompañar.

 


El lulo: tan popular que parece de Colombia

Lulo (foto: Wikipedia.de)El lulo (Solanum quitoense) es una planta de la familia del tomate (Solanaceae) que es de origen sudamericano, pero que se haya también en Mesoamérica. Aunque en Costa Rica no es tan conocida o utilizada (se le conoce como naranjilla), también se utiliza para hacer jugos. Mi mamá la hierve primero, lo que le da un sabor dulce más acentuado.

En Colombia, el lulo parecer ser omnipresente en todas las paradas, restaurantes, puestitos, etc. y la verdad que es un jugo muy refrescante y con alto contenido vitamínico. Más referencias aquí.

La planta es muy común, y aparece incluso de manera silvestre y hasta es “mal” tratada como una maleza. Con el tiempo, algunas culturas se han dado cuenta de su verdadero valor y la suman a su cultura juguinaria (que en Colombia es amplia!).

 


Jugo de borojó: energía que es mito o realidad?

Fuete: Wikipedia.org
Fuete: Wikipedia.org

El borojó (Borojoa patinoi) es una planta de la familia del café, y quizás por eso es que se le atribuyen propiedades especiales energéticas (y hasta de virilidad) gracias a los alcaloides que posee. Más detalles aquí. Hay algunas referencias sobre su uso tradicional en Costa Rica, pinchar acá, pero la verdad que yo hasta ahora vengo a probar este delicioso néctar.

Jugo de borojó, con leche
Jugo de borojó, con leche

Curiosamente es una planta radicada principalmente en la zona pacífica de Colombia, y de ella se elaboran jugos o batidos que se encuentran en todas las orillas de las carreteras. Dichosamente la descubrí a tiempo, pues todavía me quedan algunas semanas de recorrido por la vertiente Pacífica antes de aventurarme hacia Boyacá/Santander y rumbo a Venezuela.

Mi fotógrafo estaba tan nervioso con la cámara, que apenas si le dio. La pulpa de la fruta se licúa
Mi fotógrafo estaba tan nervioso con la cámara, que apenas si le dio. La pulpa de la fruta se licúa

Al parecer existen otras variaciones, como una que probé en ruta, que es el borojó con chontaduro (pejibaye, pixvae), que es viene a ser más que un jugo una suerte de atole que sabe interesante. Digamos que no fue mi favorito. El tema de que sea en leche a mí no me llama mucho la atención, pero se dice por ahí con agua y panela queda excelente. A ver si consigo la pulpa por ahí para probar y les cuento!