Sitio Guayi: semilla de esperanza

Agricultura do toca, bancal con berengenas, tomates, lechugas
Agricultura do toca: bancal con berengenas, tomates, lechugas, etc

Esta historia comienza en un sitio -que en portugués se refiere a una finca pequeña- llamado Guayi, que significa buena semilla en guaraní. Y como llegué aquí después de varias semanas de intencionar llegar, para conocer y convivir con una pareja muy especial, pues para mí también fueron semillas de esperanza.

Ana y André son una pareja de cicloviajeros (que acuñaron también el término y el blog Pedarilhos, de andar a pedal pero ser andariegos –andarilhos-) que recorrió Suramérica por dos años y cachito. Un dia pararon para volver al sitio a sembrar unos árboles, y acá siguen! Regresaron a Tangará, un pueblito entre las sierras catarinenses rodeado todavía de bosques de araucarias nativas, bordeado por el Río do Peixe. Luego de su épico rodar siguen armando su proyecto: un lugar dónde vivir con la posibilidad de producir sus propios alimentos sin agrotóxicos, maximizando energías y materiales para construir su espacio.

Revisando la alineación de la pared del baño, que por usar ladrillos de demolición pueden quedar disparejos... pero lo perfecto es enemigo de lo bueno, dicen por ahí
Revisando la alineación de la pared del baño, que por usar ladrillos de demolición y botellas de vidrio pueden quedar disparejos… pero lo perfecto es enemigo de lo bueno, dicen por ahí.
Tostando piñones con las garimpas de la araucaria. Foto: Ana Vivian
Tostando piñones con las grimpas de la araucaria. Foto: Ana Vivian

El sitio, que para los estándares brasileños es más bien pequeño, para los míos es bien grande: 14 hectáreas que resguardan un área de reserva de bosque (donde no se pueden cortar árboles, pero se pueden asar piñones de araucaria con las grimpas de las ramas secas, por ejemplo); y donde se dejan ver cultivos por aquí y por allí. Hay de todo: yuca, frijol, maíz, maní, chayote, ayotes y zapallos de varias formas y colores se entremezclan con trechos de bosque y lagunas; y los arbolitos de pecanas, aguacates, mandarinas, mate, limoneros, pitanga y varios otros frutales. Además, continúan plantando araucarias, reconfigurando un paisaje que visto desde el cielo debe parecer una pequeña isla dentro de la pujante maquinaria del agronegocio (con soja y maíz transgénicos por cualquier lado que se mire… me parece que de aquí hasta llegar a Bolivia).

Compartiendo mis primeras tapiocas hechas de goma de mandioca hecha allí mismo
Tapiocas de goma de mandioca hecha allí mismo

Desde mañanita me levanto a mis rutinas meditativas, y todos (ellos y los voluntarios que estuviésemos) con renovada energía comemos casi todo hecho con productos del sitio. Luego nos disponemos a las diferentes tareas: ya sea en el campo o la construcción. Así se pasan los días en hacer huecos para nuevos bancales enterrados, lijar y pintar paredes, recoger pasto para el compost hasta procurar aserrín para el baño seco. La casa combina técnicas de construcción en barro así como el reaprovechamiento de los materiales de la casa demolida de la abuela de Ana. Acá, un breve recorrido por allí.

Día de agrofitness: continuar la construcción de un canteiro de unos 20 metros
Día de agrofitness: continuar la construcción de un canteiro de unos 20 metros

El recetario que manejan aquí de comida vegana daría para un libro… es simplemente increíble y tendría que tener una cámara grabándolos todo el día, porque en estas dos semanas sólo toqué ollas y platos para lavarlos. Como buen flexitariano no me hizo falta carne; y más bien pude apreciar y aprender nuevos toques culinarios y ampliar el espectro de mis papilas gustativas.

Entre tanto producto casero y rico (hasta la goma de mandioca para la tapioca hicimos: cosechar la yuca, rayarla, remojarla, separar el almidón, sacar la goma, secar la harina!) se pone uno a pensar en la posibilidad de vivir así. En que más neo-rurales puedan repoblar el campo, viviendo de la tierra dignamente y alimentando bien el cuerpo y el alma.  Este par de aventureros que quieren vivir en y de la tierra -aunque eligieron profesiones distintas y distantes a este quehacer- son vivo ejemplo de que se puede aprender y hacer bien. Ciertamente parece un sueño, y precisa de importantes apoyos, pero no es imposible. Así que la esperanza no engorda, pero mantiene (por suerte).

Momento de la verdad que sólo brinda una balanza
Momento de la verdad que sólo brinda una balanza

De su experiencia de cicloviajeros -se toman muy en serio el tema de equipamiento y viajar livianos-, y entre cafecito y matecito, me fue cayendo el cinco que era hora de desapegarme de algunas cosas, y aprovechar su tienda virtual. Y es que uno lleva la carga que puede y quiere cargar, pero hay que saber elegir analizándolo desde el punto de vista energético también. Ya hice suficientes montañas cargando unos 40 Kgs de equipaje… y falta rodar la Patagonia, donde cada kilo de más es es más energía para empujarlo.

Con paciencia y un taladro con una broca pequeña, y un cordón corriente, se puede hacer esta modificación... me pregunto si se pierde la garantía? :p
Sólo se necesita taladro y broca pequeña, y un cordón corriente.

Lo más risible fue mi colchón de yoga (que servía para proteger el colchón inflable) que jamás imaginé pesara casi 2 kilos!!! No compensa los 300g que pesa el aislante que ahora llevo en su lugar. Algunas prendas quedaron para futuros voluntarios, y mi sillín Brooks pasó por un “enchulamiento” a ser un B-17-imperial-home-made. Este arreglo le cae de diez, pues ya me estaba preocupando que se estaba empezando a abrir un poco a los lados.

En resumen: las últimas semanas fueron una grata experiencia de montañas y bosques; días calmos de trabajar en equipo; noches de reflexión bajo cielos estrellados y otra luna más que cobijó mis sueños en la hamaca; de silencios y comidas plenas; de avanzar en un par de trabajos de traducción y los últimos días refugiándome del frío y la lluvia pensando en la esperanza.

 

PD. Ya que viene al caso, dejo una canción de una hermosa voz cubana, para lxs curiosxs… pinchar aquí.


A tapioca virou gourmet!

La tapioca es un platillo típico del nordeste brasileño, también conocida como beiju, que es el producto de someter a altas temperaturas un poco de goma de mandioca. La goma de mandioca, por otro lado, es el almidón que sirve de base para luego elaborar la harina; y que se puede conseguir hidratada o no.

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Yo la conocí por primera vez en Recife, y fue amor a primera vista. Además, es super sencilla de hacer: se pone en un sartén bien caliente unas cuántas cucharadas de la goma, se aplanan hasta darle una forma redonda y plana; y cuando eso ya se hizo prácticamente es el momento de darle vuelta. Mientras se cocina el otro lado se le agrega desde mantequilla, queso, jamón y otras menjurges saladas… o bien nutella, jaleas, frutas y otras ricuritas dulces.

A mí se me hace muy parecida a la tortilla, pero es sin duda más versátil, y en otras partes de Brasil donde no es tan tradicional se está convirtiendo en un platillo gourmet (a lo crepe), por ser liviana y no tener gluten. De hecho tampoco tiene mucho más, ni fibra, ni vitaminas importantes, pero al ser tan neutra es ventajosa como alternativa al pan (claro, lo que se agrega ya es otra cosa!).

En definitiva, la tapioca es de mis platillos favoritos… aunque no muy fáciles de preparar en condiciones de camping con mi cocina, que es de altísima temperatura. Por eso hay que aprovechar cuando uno tiene acceso a una cocina y una refri para conservar mejor la goma de mandioca.


La mejor fritanga callejera: la coxinha!

Tentadoras y calentitas!
Tentadoras y calentitas!

Luego de haber probado una amplia y selecta gama de todo lo que se aparece en la calle con precio y apariencia amigable, y de una dura competencia entre Colombia y Brasil en el ámbito de la fritanga saludable, he llegado a inclinarme por la coxinha como la mejor fritanga callejera, de porte almuercístico, económica y del tamaño justo (justo da para cargar una por si acaso..!).

La mezcladora
La mezcladora

El misterio me rondó durante toda mi travesía por Brasil… la coxinha es omnipresente, pero nunca logré entender cómo era que la hacían. Siempre allí exhibidas en esas vitrinas; pero nunca ví a nadie haciéndalas hasta que un buen día, subiendo una cuesta al ritmo que sólo puede ir uno con 60 Kgs bajo las piernas, me pasaron unos ciclistas haciendo su recorrido recreativo. Ricardo, quien luego me llevó a su casa a almorzar y tomar un jugo de acerola, resultó ser dueño de una lanchonette (que es eso como decir un puesto de comidas rápidas).

En el congelador, esperando turno para la freidora
En el congelador, esperando turno para la freidora

Allí, en su casa y luego de lavar platos, fue que ví la máquina y fascinado le pedí que me explicara cómo era la cuestión de la coxinha. Y, dicho de manera sencilla, la coxinha es producto de un amasijo de harina de trigo y papas que se mezclan con el caldo del pollo -que se cocinó previamente con las papas y se desmenuza luego para el relleno- en una máquina especial; y luego se forman las bolitas con el pollo arreglado con algunos cheiros, y luego se congelan para tener siempre disponibles y se fríen na hora, o sea el día que se exhiben en los aparadores.

Misterio resuelto!!! Pero para los curiosos acá queda una receta que se puede hacer fácilmente en casa y da para excelentes botanas. Bon apetit!


Mandioca para todo y para todxs!

Preparación tradicional de farinha (harina). Estado de Pará
Preparación tradicional de farinha (harina). Estado de Pará

Desde antes de la llegada de los conquistadores a América, la yuca (como es conocida en Costa Rica y centroamérica) ya estaba diseminada hasta México, siendo su origen en el sur de la Amazonía.

Es por eso que esta planta (Manihot esculenta) es virtualmente omnipresente en Brasil. Tiene varios nombres y usos; los que yo más escuché fueron: mandioca, macaxeira y aipim. Al ser una planta rica en almidones, es un complemento de otras fuentes de proteína y fibra, y su procesamiento en harina y goma la hacen muy versátil y duradera.

Elaboración de tapioca en Curitiba
Elaboración de tapioca

Mi descubrimiento favorito fue la tapioca, que es como la versión brasileña de las tortillas, que se hace en una sartén caliente y se acompaña con dulce y salado. Además, la harina puede acompañar desde el delicioso açaí, hasta platillos más elaborados con frijol o carnes (o bananos!).

No cabe duda que en Brasil la mandioca es una planta que no falta en el campo yCuri cualquier clima y condición de suelo. Un regalo que indígenas y agricultores han sabido cuidar y mantener por siglos y siglos, presente en las mesas de todos los brasileños.

 


Del breve, pero agradabilísimo, paso por Piauí

Para variar viento en contra y sin espaldón.. agárrate a la vida!
Para variar viento en contra y sin espaldón.. agárrate a la vida!

Piauí es un estado que tiene apenas una parte del litoral nordeste de Brasil, y también donde encontré un gran calor humano, casi maternal, en casa de Dulce. Llegué allí gracias a Marilda, a quien conocí en Alcántara. También acá tocó renovar mi visado, que ya los 90 días se empezaban a agotar, y no tenía planeado pasar por otra ciudad con policía federal en los próximos días.

 

Todo ese atado por 50 reais... :s
Los locales entran a sacar cangrejos que venden por apenas unos pesos

Allí rodé después de salir de los arenales de Barrerinhas, un viaje sobre un Bandeirante -que es el carro más valiente de Brasil y que voy a recordar como el carro que quiero tener si la vida y el petróleo me dieran la oportunidad- de unas dos horas para llegar a Paulino Neves. De allí salí rumbo a Parnaíba, lugar del que sólo sabía que es la capital del delta más grande de las Américas (otro registro paisajistico que no sólo es impresionante, sino que tiene una gran importancia ecosistémica, y que para variar los seres humanos somos muy buenos en alterar), con todo y su tradicional cangrejo azul que parece ser muy popular para comer.

Dulce y dona Luisa... compartiendo la terraza
Dulce y dona Luisa… compartiendo la terraza

Fue una bonita experiencia llegar a una ciudad pequeña, que con todo y el calor dio para rodar más de 100Km, y casi que llegar directo donde Dulce, una periodista retirada que hasta me consiguió una entrevista en la televisión local (que todavía no conseguí ver) y me dejó descansar a pleno en una hamaca dentro de uno de los cuartos de su casa del siglo de XIX con esos techos altos y paredes gruesas.

Así no se me pierden los zapatos
Así no se me pierden los zapatos

Además, conocí el cuzcuz de arroz con leche de coco y encontré los cordones más funky para mis ya desvencijados zapatos de bici. Doña Luisa, su vecina, una octagenaria de esas felices, no desaprovechó para hablarme de sus remedios y de su vida y milagros. Sólo risas y sonrisas puedo evocar de ese encuentro.

 

Cuzcuz de arroz con leche de coco sacada en el momento
Cuzcuz de arroz con leche de coco sacada en el momento

Fui un poco a recorrer la costa, así como las casas de artesanías de un pueblo lindo y tranquilo, donde me dí cuenta que hacer el tour de barquito por el delta era incluso demasiado turístico para mí. A veces pienso que esa es la mayor diferencia entre el cicloviajero y el turista… uno tiene más tiempo que plata (el buen lector sabrá hacer la diferencia). Entre esas calles de playa barridas por unos vientos estratosféricos sólo dejaban ver a los valientes que se animan a hacer kite-surfing, que la verdad es una actividad que me comienza a llamar la atención. No había nadie en las calles y la única cerveza que pude probar no pude pagar porque se me olvidó la plata. Agradezco infinitamente a ese barman desconocido que me dejó ir en paz.

Nada mejor que ser flexible con la ruta, y que la bici quepa sin desarmar en los buses
Nada mejor que ser flexible con la ruta, y que la bici quepa sin desarmar en los buses

Al otro día tocó tomar un bus hasta Natal, porque ya que no pude llegar a la Chapada Diamantina para mi cumpleaños (una de esas metas autoimpuestas), pues por lo menos lo pasaba en una playa bien bonita… en este caso la elegida fue Pipa. De paso hacía unos trazos en el mapa y economizaba kilometraje, porque ya había conocido el litoral del lado de Pernambuco y Ceará en lo que ahora parece otra vida. Brasil es tan grande que se necesitaría todo el presupuesto de tiempo para mi viaje para recorrerlo. Quizás la vida presenta otra oportunidad en otro momento… 🙂

 


Hallacas.. nada más parecido a los tamales

Básicamente, en Venezuela una hallaca es un amasijo de maíz con verduras, aceitunas (si hay), carnes, arroz y se acostumbra vender los fines de semana. La salvada era cuando había en las rutas, porque constituye básicamente una comida completa y muy buen precio. Al principio pensé que era algo más de las montañas, pero luego parece ser algo que se consigue a nivel nacional.

Foto http://senderosporvenezuela.com.ve/wp-content/uploads/2012/11/hallaca11.jpg
Hallaca (Foto: http://senderosporvenezuela.com.ve/wp-content/uploads/2012/11/hallaca11.jpg)

Curiosamente en Colombia no se consiguen, o no se me aparecieron, nada parecido. No obstante, aunque en Costa Rica tampoco es que abundan, se consiguen fácilmente. Ni qué decir de la tradición tamalera más al norte, desde México a Nicaragua. Allí se consiguen diversos tipos todo el tiempo (mis favoritos ganadores indiscutibles: tamales en mole oaxaquenos).

Zea mays, Cali
Zea mays, Cali

Lo que si da gusto, es ver que la cultura del maíz persiste todavía en estas zonas, aunque no hay que obviar que son expertos en las arepas (tanto Colombia como Venezuela). Las hay con miles de diferentes rellenos, saladas dulces; grandes o pequenas; asadas o fritas… En fin: definitivamente la riqueza esta en la diversdad.

La cachapa, por otra parte, es una especie de tortilla de maiz tierno (dulzona), que se come con queso de mano acompañando carnes y demás platos de almuerzo o cena. Y ya no voy a decir de las empanadas, también de maíz.. De las que mi favorita fue la de “pabellón” con frijoles, arroz y carne adentro. Todo muy bueno.

Nota aclaratoria: no tomé fotos de la comida, porque en general me parece de mal gusto, y usualmente estoy muy involucrado en la acción como para tomar una cámara 🙂


Tomarse un buen café en Colombia no es cosa fácil

Me contaron alguna vez en Italia que el café en Europa empezó siendo una bebida corta y fuerte; recordemos que eso de despulpar el fruto y secar y tostar la semilla no fue un invento de los etiopes, quienes primero usaron las hojas.

En esos tiempos, y aún hoy, se tomaba algo así como lo que hoy se conoce como espresso. Ya luego vendrían todas las otras formas y ficciones que se han adicionado alrededor del acto y hecho de sentarse a tomar un café (incluyendo sentarse, pues también hay lugares donde la cosa es en movimiento y rapidito). Pero llegaron las tropas “aliadas” durante la segunda guerra mundial, y como no eran buenos bebedores de café por cuestiones culturales, de allí surge lo que hoy se conoce como “café americano”, que no es otra cosa que un espresso diluido -puesto de un modo sencillo-. Luego intervienen en la elaboración de una taza otros aspectos, como la forma de filtrarlo y todavía más allá, el tipo de café que se use.

Sobre este aspecto, y ojo que no soy para nada cafetero -yo digo más bien que como buen latinoamericano soy matero!-, no puedo no referirme al tema del café luego de haber estado más de tres meses en Colombia y notar que encontrar una taza bien preparada de cafe no es cosa fácil.

Presentacion usual de un tinto en Colombia
Presentacion usual de un tinto en Colombia

Empecemos por la taza, o pocillo, que usualmente no es la forma en la que lo sirven. Lo normal es que a uno le den un vasillo plástico y que uno pida un “tinto”, lo cual corresponderia en el léxico a un café negro. El problema radica en que ese cafe usualmente ya viene endulzado con panela, y que además parece más bien un te de café, que una infusión del grano molido colada. Cuestión de puntos de vista.

Lo interesante es que la fama del café colombiano, principal productor de la variedad arábica en el mundo, pareciera ser más bien una cuestión de mercados internacionales y de publicidad. No digo que el café en cuanto a calidad de producción no sea bueno; incluso el proceso del secado y seguramente hasta del tostado. Pero pareciera que la cultura de la preparación de un café no da para formas más que las antes descritas. Sobre el por qué, me cansé de preguntarle a todo el mundo y la verdad que a nadie parecía importarle… y yo sigo sin saber!

 

Para alguien que sólo toma café espresso con cierto deleite, el tema sí era importante, y de hecho sólo hubo un lugar donde podría decir que me tomé el mejor café de Colombia, justamente en Medellín. Menos mal que no fui el único en pensar lo mismo, sino que lo digan los de la BBC, y casi al mismo tiempo. Se trata del Laboratorio del Cafe, en plena plaza Botero, donde ademas tienen un café filtrado en frío (coldbrew) que está muy interesante y casi que supera mi afición por el espresso.

Demás está decir que sigo en la búsqueda, y cuando encuentro un buen espresso pasa algo en mis papilas gustativas entre éxtasis y animosidad, que me hacen desear que no se acabe tan pronto; pero al mismo tiempo sabiendo que es la dosis justa de cafeína.

 

Al curiosx lectorx, le quedan aca algunas referencias que pueden ser informativas:

http://www.infocafe.es/cafe/principales-productores-cafe.php

http://www.federaciondecafeteros.org/particulares/es/nuestro_cafe