No sé si la luna está sobre Porto Alegre…

Volver a Porto Alegre, después de 5 años en los que pareciera que pasó una vida y media (muy agitada por cierto), fue -como me suele pasar a menudo- como volver a casa y ver viejos amigos. Parafraseando la canción a la que le robé el título para este post: hay cosas que no se explican, cosas que no se entienden…

Adhesivo en la feria agroecológica
Adhesivo en la feria agroecológica

Los últimos 120Kms para llegar fueron más bien calientes; y aunque no tenía planeado llegar directo a la ciudad, me animé porque por primera vez en varios días el viento había decidido ir a empujar a alguien más. Así que llegando a Capivari do Sul me dediqué un almuerzo más bien contundente, me quedé quieto como una anaconda por unos minutos, y seguí la marcha. En mi mente todo estaba arreglado para llegar donde Marcos, un ciclista que conocí en Uruguay y que me invitó a quedarme en su apartamento. Pero por esas cosas de la vida y las pifias de la tecnología no logramos comunicarnos en ese último tramo; así que recurrí al plan B.

Con dos voluntarios comenzando a armar el horno
Con dos voluntarios comenzando a armar el horno

A Fernando lo conocí en Costa Rica, en un contexto más bien de activismo y lucha ecologista. Luego yo vine a Porto Alegre para un poco de lo mismo; y ahora volví rodando. El número me lo había pasado Isaac sólo un par de días antes. No quería incomodar, porque sé lo ocupados que suelen andar los amigos de la tierra, y más bien pensaba comunicarme para encontrarnos para comer o tomar algo juntos. Pero alegremente quizo el destino que Fernandão revisara su whatspp y de una me diera las indicaciones de cómo llegar. Como suele pasar en estos momentos -digamos dramáticos- de cicloviaje: llegué justo al anochecer, pero todo salió bien. El me presentó la costela de janela más inolvidable de mi vida, a las 2am.

Hablando de las montañas de desechos tóxicos de la activida minera en Perú (durante el viaje del 2005)
Hablando de las montañas de desechos tóxicos de la actividad minera en Perú (durante el viaje del 2005)

Los días que siguieron fluyeron en la mejor onda, compartiendo con los Amigos de la Tierra sus cotidianidades (ya que viví de prestado en su oficina/sala de reuniones/Casa Nat) y cayendo en cuenta del difícil contexto que se encuentra Brasil en estos días a nivel político y del golpe de facto al gobierno de Dilma Roussef. Además, claro está, de los ya infelizmente normales temas relacionados a monocultivos, megaproyectos, industrias extractivas que van diezmando los recursos naturales, a las comunidades que son afectadas y en última a todos -incluso a los que no caen en cuenta de que este sistema capitalista y depredador nos va llevando de a pocos a la cachiporra-.

Parece increíble, pero hay piezas que ya son "viejas" y conseguir este cassette de 8 cambios y el hyper-glide no fue fácil
Fue una aventura conseguir este cassette con el mega-range. {

En un dos por tres se armaron actividades: arreglar a Pantagruela (que acabé ya ahora sí de destrozar la transmisión)*, reponer un trípode perdido y una lámpara rota, reaprovisionarme de nueces y frutos secos, dar una pequeña charla sobre territorios y cicloviajes, y hasta aprender a construir un horno de barro durante un mutirão. Como es natural en las grandes ciudades, hay que probar al menos una cerveza artesanal (en este caso Serrana) y probar alguna que otra ricurita. Esta vez pude “medir las calles”  -que es mi deporte favorito en cualquier ciudad- buscando pao de queijo y demás, ejerciendo la saudade sin acritud y alegría.

Fue una parada entre amigos, de preparativos y conversas, de llegar a un lugar nuevo pero familiar, de conocer nuevas caras y músicas y de preparar el último trecho de esta etapa, que acabaría en el Estado de Santa Catarina haciendo trabajo voluntario en el Sitio Guayi. Así me gusta, me gusta sí.

* Aprovecho para agradecer a Naty (allá en Barcelona) por ser la primera donante via PayPay, fondos que fueron inmediatamente destinados a Pantagruela 🙂


Na toca do gambá…

Entrada la noche, no fueron tantas horas desde que había llegado, mi anfitrión me indicó -casi que me ordenó- que buscara un cuaderno y escribiera, para que no me olvidara: “Estou na toca do gambá, com Cabeludo a quem conhecí em uma venda; e com Chapuzinho e Catarina”. No lo digo porque me pasó, sino porque lo viví. Esto pasó en un lugar llamado Santa Vitória do Palmar, donde no pensaba parar, ni menos ir a la Lagoa Mirim. Pero así es esto de pedalear.

Pero hay que comenzar antes, en Uruguay. Estaba en Punta del Diablo, donde de fijo habita un pedazo de dios, y como que ya estaba sintiendo que había que seguir camino. Y aunque estaba quedándome muy cómodo, aprendiendo del aquí y el ahora en el Carabanchel; sabía que tenía que irme. Comí las lentejas que hizo Angélica, me monté a Pantagruela y partí. La tarde estaba hermosa, viento a favor, calorcito. Parecía increíble que sólo hace unos días hacía tanto viento, lluvia, frío… ¡clima altamente cambiante en Uruguay!

Llegué a la frontera y cambié mis últimos pesos a reales, y seguí de largo de Chuy. No acabé de entrar cuando ya se presentó el primer obstáculo: de índole migratorio. Me quedaban sólo 17 de mis 90 días al año a los que tenía derecho. Es decir, luego de eso paso a ser irregular. Advertido por el oficial de turno, hice un gesto de “la vida es un riesgo” y seguí. El día seguía oliendo a primavera, no sé porqué. Me invadía una alegría indescriptible.

Como salí a las casi 2, ya para las 6 era hora de buscar dónde dormir. Y justo llegué a la entrada de Santa Vitória do Palmar. Me aconsejaron acampar a orillas de la laguna Mirim; un lugar muy seguro, cero problemas. Así que encaré otros 7kms hacia el este. De camino iba buscando una tienda para comprar algo para hacer de cenar, y ya me estaba imaginando el atardecer, tomando unos mates, a orillas de la laguna.

El camino se transformó en una calzada como de arena, y ví la última tienda. Allí pregunté si era posible acampar, y me recomendaron hablar con un hombre en la casa de a la par, él era el celador y sabría mejor. Aquí es donde la historia vira 360 grados, y en cuestión de minutos pregunto por acampar allí, aparece un personaje que parecía más sobrio que los otros 3 pescadores allí presentes y me dice: “quieres ir allí ya o después?” Como yo ya quería llegar -a armar mi carpa y poner agua para el mate- le dije que ya mismo.

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Agarró su bici y empezamos a ir por ese kilómetro final lleno de huecos y arena mojada. A medio camino, en una especie de cabaña, paró para hablar algo con otro hombre. Era Chapuzinho, con un vaso improvisado de una botella de caña partida y unos limones adentro. El lugar era como una bodega llena de cajas plásticas para el pescado, un congelador desconectado, dos camas y una cocina. No había agua ni baño. “Aquí te vas a quedar”, me dijo señalando su cama. “En mi casa tienes comida, caña y maconha”, fue su sentencia.

Lo primero que pensé fue: en qué momento llegué a esta situación, si yo iba a acampar al lago. Los amigos estaba eufóricos, y faltaba Catarina por llegar (que se llamaba así por ser del estado de Santa Catarina). Me dijo Cabeludo -cuyo apodo se debía a su melena obviamente- que allá iba a llover y a hacer viento, y qué él me iba a dar de comer y sólo tenía que respirar. “Respira rapaz! Só respira”. Sacó su botella de caña, y sin convidarme, se mandó un trago. Me pareció un consejo prudente, así que me relajé y empecé a observar la situación sin juzgar ni condenar nada; todo estaba pasando porque teníamos que encontrarnos y aprender unos de los otros.

La verdad que ambos personajes me inspiraron confianza desde el primer momento -y luego Catarina con sus increíbles historias y chistes-; me pareció que buscaban como todos el amor, que en el fondo tenían más miedo ellos que yo de la situación (aunque se la pasaban diciendo que tenía suerte de haber dado con ellos, porque el lugar se podía poner peligroso con los piedreros) pero sobre todo, que eran muy fiesteros. Luego Cabeludo sacó su maconha y me dijo que armara uno. Menos mal que la vida me dio ese don de la papiroflexia.

A la mañana siguiente, desde fuera.. Por razones obvias no hubo fotos
A la mañana siguiente, desde fuera.. Por razones de fuerza mayor no hubo fotos

Cabeludo me contó de su historia, de la cárcel, de su hijo que no ve, de que él siempre ha sido alguien sin máscaras. Nos abrazamos varias veces, me mostró su costilla rota por el barco en alguna maniobra, sus manos eran duras. Y así rodaron las horas, salió una comida estupenda de esa cocinita, llegaron otros hombres que paraban por un trago y seguían, todos pescadores que al otro día zarpaban (me hizo mucha gracia ver cómo armaban su equipaje: probaron cada una de las 8 botellas de caña, para comprobar que no tenían fugas); y bueno… en algún momento fui al baño (afuera), ví muchas luces rojas que flotaban en la lejanía (el jardín eólico más grande de Lationamérica), pedí permiso y me metí en la bolsa.

La noche transcurrió de la manera más extraña; los hombres dormían con la única luz encendida (quizás para atraer los mosquitos); se levantaban de a ratos a fumar, abrían o cerraban la puerta; la perra pasaba de un lado a otro; la radio -encedida toda la noche- no paraba de escupir las canciones más inverosímiles (desde Zitarrosa, en español, hasta Ben Harper, en inglés)… no sé si fue mi imaginación o qué.

A las 6am, al despuntar el día, mis anfitriones se fueron a pescar. Me dijeron que quedaba en mi casa cuanto quisiera; y que si me iba sólo era cuestión de poner el candado. Al ratito me levanté, preparé una avena y calenté agua y seguí camino. Ese día me esperaban 140Kms para llegar a la reserva de Taím.

Así entré a Brasil de nuevo en bicicleta, con la generosidad de extraños a flor de piel.

 


¡Montevideo fue una fiesta!

Entrando a la ciudad desde el entronque con ruta 1
Entrando a la ciudad desde el entronque con ruta 1

Parafraseando aquel título de Hemingway, debo decir que haber pasado por Montevideo -que no lo tenía del todo muy planificado- fue una excelente decisión! No sé si alguna vez les ha pasado -a mí me pasa mucho desde un tiempo para acá- que llego a algún lugar en donde me siento como en casa. Como si fuera un pasajero habitual de ese paisaje, de esa gente, de esas aceras… Bueno, curiosamente (considerando mi aversión por las ciudades) eso me pasó en Montevideo.

Desde la Chapada Diamantina que no nos veíamos. Alto encuentro fugaz y profundo!
Desde la Chapada Diamantina que no nos veíamos con el Foco. Alto encuentro fugaz y profundo!

Hacía dos años que había estado de pasada por allí, visitando a Estíbaliz y a Ignacio; y aunque efímera la visita me dio la impresión de que sería un lugar que me iba a gustar. Así que esta vez tenía más “excusas”, pues también estaban Quique (y casi Mariana) que alguna vez pasaron por mi casa; pasaba mi amigo y caminante Foco volviendo de su primer experiencia de cicloturista; y milagrosamente Isaac estaba en el país, así que pude compartir con Tere y sus lindos hijos. Lo que iba a ser una parada de un par de días fueron casi dos semanas de dormir en camita y hasta relativamente tarde; tomar mate hasta aburrirse por las mañanas -con mi nuevo termo Stanley!-; estirar las ormas de mis zapatos; reparar la cocinita; cocinar con otras personas; caminar por la rambla, echar un humito contemplando el río-mar, etc etc. Cómo no decir que fue una fiesta?!

Paseo dominical por el jardín botánico
Paseo dominical por el jardín botánico

Ni bien llegué y esa noche nos fuimos a los tablados, porque yo andaba todavía con la calentura de la murga; y fue espectacular (aunque me gustó más la versión “rural” en Paysandú; quizás porque ahí sí estaban compitiendo y no haciéndo una y otra vez el mismo espectáculo por varios días, que puede ser cansón). Con Tiz fuimos también a ver cine, a caminar por la ciudad, a conocer el jardín botánico, a tomar una birra por allí, a comer un chivito gourmet por allá… Ignacio, como siempre me sorprende con algo literario, me implantó un deseo enorme de leer más a Horacio Quiroga.

Preámbulo al recital homenaje a Zitarrosa
Preámbulo al recital homenaje a Zitarrosa

Con Quique fue un compartir muy musical, pues fuimos a la celebración del día de la mujer a un recital cargado de nuevas voces, así como al homenaje a Zitarrosa, que fue en el legendario estadio Centenario (donde Uruguay fue el primer campeón de copas del mundo, dicen). También vi con él un poco de la escena noctambulera de boliches, pero bueno… ya no soy el mismo quinceañero que aguanta hasta las tantas de la madrugada. En lo de Isaac y Tere me empecé a acercar a la ruta interbalnearia, y ya fueron los últimos días de relajo antes de salir, jugando por ahí con Pascual y Juana; herederos de este mundo. Así que tocó hacer los últimos ajustes en Pantagruela y -como siempre- ver qué podía dejar. Resultado: sigo cargando como 40Kgs de equipaje. :s

22 kms de rambla dan para mucho paseo... acá uno de tantos atardeceres
22 kms de rambla dan para mucho paseo… acá uno de tantos atardeceres

En Montevideo, apología del barrio cosmopolita, se puede comer caro y fino o buscar alguna esquina donde un señor te vende algo de la parrilla por un precio muy razonable. Hay como tres mercados de comida en la semana, que no son muy baratas, pero donde hay mariscos frescos y hasta papaya! Todo es prácticamente caminable o bicicleteable; y la rambla le da a la ciudad esa amplitud -como si se extendiera hacia Africa- y encanto que además conecta a la ciudad con otras partes. Aquí parece que todo el mundo usa los espacios públicos; y capaz que por eso parece tan segura.

Así que nada… ¡el que no conoce que venga; y el que pueda que se quede!

 


Sueños de carnaval

Bailando algo así como la saya. Cosquín, 2016 (Foto: Soledad Espinoza)
Bailando algo así como la saya. Cosquín, 2016 (Foto: Soledad Espinoza)

Parece mentira que la idea misma del carnaval provenga de tradiciones paganas, y que coincidan en América Latina (tradicionalmente católica) con el inicio de la cuaresma que termina en lo que comúnmente se llama semana santa. Salvo en lugares más honestos como Uruguay, en donde la llaman Semana de Turismo. En todo caso, es fascinante cómo algunas tradiciones se van sincretizando con elementos cristianos para poder seguir existiendo; luego de seguramente haber pasado siglos de luchas y expiaciones.

 

Carnavalito en Purmamarca, trayendo el diablito para la fiesta en el pueblo
Carnavalito en Purmamarca, trayendo el diablito para la fiesta en el pueblo

Y así, en prácticamente todo sudamérica se celebra el carnaval a inicios de febrero, con diferentes manifestaciones que generalmente incluyen cierto nivel de desorden, algunas comidas particulares (ej. humitas o locro), parranda y perderse en la colectividad y anonimato que bridan trajes, colores, música y bebida. Recuerdo que hace diez años por Ecuador y Perú, la cuestión era mojar a las personas; en Argentina pintar y tirar espuma o talcos a los pasantes o algo más brasuca; en Brasil son las comparsas y así por donde se le mire hay carnaval. Quizás para muchos algo normal, para un tico como yo, algo notablemente interesante.

 

Murga de "Los locos del camisón", Paysandú.
Murga de “Los locos del camisón”, Paysandú.

Particularmente me llamó mucho la atención, más allá de la cuestión de la bacanal con alcohol y locura colectiva (lo cual está muy bien también), algo que se celebra en Uruguay (y al parecer sólo en otros dos lugares de Venezuela y España) que es la murga. Mezcla de ópera y teatro; conjunción de voces (tradicionalmente masculinas) y algún tambor con máscaras vienesas y vestidos pomposos, la murga es un espectáculo para ir a poner atención. Y me impactó la devoción de los uruguayos para ir, sentarse, escuchar y retorcerse de risa con las picardías que cantan, con las críticas que lo hacen a uno reflexionar y algunos pensamientos que a mí incluso me hicieron llorar. Y no es solemne no, es carnaval! Un ejemplo es de la que ganó el carnaval este año, La Gran Muñeca, que justamente habla de la bicicleta (eso sí: cada murga dura casi una hora!).

Preparándose para desenterrar al diablito, al que hay que volver a enterrar al final de la semana de carnaval (hasta el próximo año).
Preparándose para desenterrar al diablito, al que hay que volver a enterrar al final de la semana de carnaval (hasta el próximo año).

Así que para mí este verano, desde enero allá por Cosquín (donde me sedujo esa manera tan bella de bailar zamba); hasta Humahuaca, con los charangos a pleno y la gente siguiendo a un diablito desenterrado del Cerro de Siete Colores paseándose por las calles -levantando el polvo mojado de vino, cerveza y algún humito que se siente por las veredas-; hasta llegar al Uruguay a ponerle broche de oro al espectáculo cultural folclórico con la murga y el candombe.

 

Con uno de mis guías culturales, Ariel, en Paysandú
Con uno de mis guías culturales, Ariel, en Paysandú

Este último ritmo en realidad me lo perdí un poco, pues las llamadas y comparsas suceden unas semanas antes. Interesante acá cómo el ritmo mismo se nutre de la tradición africana del candomblé, que en el Brasil es bastante predominante más de Bahía hacia el norte, y que es directamente una representación de los orixas en la vida religiosa de muchos brasileños. Sin embargo, en Uruguay es un ritmo más bien pegajoso y fiestero, que con arte y ritmo crea su propio nicho.

 

Se habla de la resaca del carnaval, como esa modorra que nos devuelve poco a poco a ser nosotros mismos; hasta la próxima vez que podamos ejercer estar en comunión y donde se vale todo… El carnaval es esa catarsis, ese respiro, que necesitamos para mover el velo que nos cubre durante el resto del año y al que muchos se acostumbran y llaman realidad.


Revista DESCARRILADOR, ¡primer número!

IMG_20160309_171150-600x851Con mucha alegría les cuento que desde julio del año pasado, por medio de las redes sociales, nos “juntamos” un grupo de cicloviajeros a pensar cómo plasmar algo que pudiera servir no sólo como testimonio de lo que significa y conlleva viajar en bicicleta, sino también como un medio de juntar algún peso y costear de alguna manera la aventura de pedalear.

Empezó siendo una cuestión de quién se apuntaba a escribir, a revisar textos, a proponer ideas… Y así nació Descarrilador, la primera revista autogestionada por cicloviajeros latinoamericanos, hecha para ser impresa y distribuida de manera localizada y a cambio de la contribución que cada quien sienta que quiere recibir o puede dar.

Este primer número trae historias en el tiempo y el espacio; curiosos viajeros, parajes y situaciones a las que estamos expuestos -y disfrutamos a mil!- quienes decidimos aventurarnos por las rutas de la vida. El formato no es el mejor para leer en computadora, pues está montada para ser impresa, pero con cariño y paciencia se logrará disfrutar las historias y vivir un poco lo que algunos por ahí andamos haciendo.

Versión para leer en línea aquí

Ojalá hayan más números y gente colaborando, pero quiero agradecer a quienes con mucho amor realizaron el diseño y montaje de este gran trabajo, que vio la luz a finales de año y acá está en versión lista para ser impresa y exhibida.. Gracias Francisco y José, y a todos quienes colaboramos, ojalá nos sigamos viendo y construyendo!

 

Como es pesadita, coloco acá los enlaces de dropbox, para descargar:

Descarrilador, No. 1 – completa

Descarrilador, No. 1 – tapa y contratapa 

Versión en Portugués


Un lugar llamado Caldas

Aquellos coloridos cerros de Caldas, al sur de Minas Gerais
Aquellos coloridos cerros de Caldas, al sur de Minas Gerais

Ouro Preto, en el estado de Minas Gerais, es un lugar espectacular por su arquitectura, su ubicación, su historia. No en vano fue el epicentro de importantes luchas de liberación del Brasil, y de alguna manera también de donde se trazó -a fuerza de sudor y sangre- un recorrido de extracción de minerales que, hasta la fecha, continúa vigente. Recorriendo la Estrada Real desde Diamantina, llegué hasta este lugar y desde acá improvisé un desvío hacia Río de Janeiro que en realidad comenzó por llevarme al sur de Minas Gerais, hacia Caldas.

En Caldas, un pueblito de unos 5000 habitantes a unos 40Km de Poços de Caldas vive una amiga de mis años mozos de iniciado en el ecologismo allá en Costa Rica: Noemi. Aunque nunca fuimos constantes en la cercanía, siempre nos tuvimos en estima y cada vez que nos topábamos por ahí era y es como encontrar a una amiga de siempre. Otro ser de luz en este mundo!

Quiso la vida que se fuera a vivir con su pareja y su hijo para allá, y que yo mantuviera la aguja de mi brújula guiando para allá durante este recorrido por Brasil, en el que tanto cuesta mantener una sóla dirección. Cualquier desvío puede costar mucho tiempo o dejar de ver alguna cosa por otra. En mi caso, y para agilizar, salí de Ouro Preto a Río de Janeiro vía Caldas (o sea, dos buses de larga duración).

Frente al Recantico, con Noemi, Antonio y Daniel
Frente al Recantico, con Noemi, Antonio y Daniel

Allá tienen un emprendimiento de venta de productos agroecológicos y de agricultura familiar, así como lo que yo llamo un lanchonete gourmet. Es decir, se consiguen comidas tipo rápidas, pero con buen gusto. Tapiocas con rellenos vegetarianos, crepas (panquecas) de zanahora o espinacas, ñoquis de tapioquinha, y próximamente jugos naturales (de los cuales tuvimos la oportunidad de hacer algunas pruebas de campo). Es una iniciativa familiar, donde además hay un proyecto de rehabilitar una finca productora de uvas, y un bosque en transición en las bellas montañas de Caldas, que auspician fuentes de aguas cargadas con energías revitalizadoras.

Mientras en el mundo andaban negociando el cambio climático, los de abajo hacemos lo que podemos...
Mientras en el mundo andaban negociando el cambio climático, los de abajo hacemos lo que podemos…

Mis breves cinco días por allá marcaron en mí algo muy especial; ver a esta pareja echando adelante su proyecto, con ganas, con quienes también se quieren empapar de vivir diferente (como amistades que practican yoga, lectura de aura, o la enigmática Rosa dos Ventos como espacio de intercambio y enlace) tratando de participar del sistema de manera puntual e intencionada. Siempre que pienso en lo dura que es la vida del campo, y conectar los eslabones de la cadena de producción y alimentación; aparte de tragar hondo del reto que representa, siento que es el medio para vivir al que me quiero dedicar. Así que inspiración carioca, acompañado de buena cerveza artesanal, en el sur de Minas Gerais.

Otra arista de este enorme rompecabezas que es Brasil, en un lugar del mundo llamado Caldas…