Réquiem por 2 sueños

Esta nota la escribo con el hígado en la mano, con rabia e impotencia. La escribo porque las últimas noches no logro conciliar el sueño y quizás esta sea mi válvula de escape; porque quizás así le puedo rendir un humilde homenaje a la libertad, esa musa que anda por ahí risueña y alborotando nuestros corazones.

Cuando uno agarra la bici y decide irse a viajar, a recorrer mundo, a experimentar lo que es vivir de nómade sabe -muy en el fondo lo sabe- que quizás nunca vuelva a ver el lugar del que salió, a la gente que amó, o a probar la comida con la que creció o aquel atardecer que le enterneció. Uno sabe que en el fondo está poniendo todas las cartas sobre la mesa y le está diciendo a la vida: “aquí voy todo por el todo”. Y aunque uno en el fondo no quiere, sabe que puede perder lo más valioso que tiene: la vida. Todo por vivir extremamente en el presente, por experimentar en carne propia la libertad de viajar en bicicleta… sin horarios, sin fechas límite, con el corazón abierto a todo y esperando siempre atraer hacía sí lo mejor de la gente.

No sé si a todo el mundo le pasó la primera vez que acampó en el medio de la nada, de sentir el corazón palpitar de zozobra ante el espeluznante hecho de que en medio de la noche se escondiera algún mal. Algún bicho ponzoñoso o algún malviviente desalmado que pudiera hacernos daño de alguna manera e impedir que siguiéramos rodando. A mí sí; y no fueron pocas veces. Por eso siempre trataba de quedarme cerca de poblados, casas, algún contacto humano y amistoso. Aunque no siempre el peor peligro que yace es animal ni es la noche oscura…

Esta entrada trata de cuando el horror se hace realidad; de cómo dos ciclistas que pasaron por mi pueblo y poco después perdieron sus vidas y sus sueños de moverse en bicicleta y de experimentar las maravillas que el mundo tenía para ofrecerles. Se dice que por un robo; que ese fue el móvil del doble asesinato. Al principio las “autoridades” a cargo lo negaron, lo dibujaron de accidente (cuando cualquier ciclista que haya viajado una fracción de lo que estos viajeros habían pedaleado sabría -al ver el lugar de los hechos- que es altamente improbable, sino imposible, caer en ese abismo y toparse con la muerte de esa forma tan trágica). Se trata de cómo un polaco y un alemán tuvieron que experimentar el horror, por sus ideales de vivir la libertad como pocos en este mundo posmoderno y ultracompetitivo se lo permiten.

Normalmente me gusta hablar de las cosas lindas que tienen los lugares por donde paso, por donde vivo… pero cuando hay que decir lo malo, hay que decirlo. Sobre todo si eso le puede salvar la vida a alguien. Acá en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas que diga, se vive bien. La gente es por lo general amable, la comida rica, el costo de vida moderado (aunque los ingresos bajos). Hay conflictos y hay violencia; como en casi todo lugar. Pero nunca me sentí inseguro. De hecho, hice ese mismo recorrido apenas dos semanas antes de que acaecieran los tenebrosos hechos a estos viajeros cuando fui de acá para la Laguna de Miramar.

Fue un viaje cansado pero hermoso, el ir descendiendo desde los Altos hasta la Selva. Fue tan poco peligroso el lugar donde se dice que ellos cayeron, que cuando fui a visitarlo el fin de semana pasado (para junto con otros ciclistas colocar una bicicleta blanca en su honor), me pareció increíble que siquiera se barajara una hipótesis tan vaga y poco concluyente. Hoy se dice que sí hubo mano criminal; pero no hay culpables. Gana la impunidad, como en tantos otros casos en este hermoso y dolido país de América Latina.

Bicicleta blanca colgada en donde fueron encontrados los cuerpos de los ciclistas

Estando allí me corrió un escalofrío de pensar que esa bicicleta blanca pudo haber tenido mi nombre en la plaquita. Y eso cambia algo por dentro. Pero me rehúso a dejar el miedo entrar, y sé que más ciclistas seguirán pedaleando esa ruta y que de alguna manera las cosas seguirán sus cursos “normales”. Se dice que una cuarta parte de los asesinatos del mundo (sólo el año pasado) ocurrieron entre Brasil, Colombia, Venezuela y México. Bueno, yo viajé 10 meses en Brasil, 5 meses en Colombia y mes y medio en Venezuela y lo único que encontré fue gente increíble que me tendió la mano una y otra vez. Ahora vivo en México, y me cuesta creer que en mi estado, en mi patio trasero, hubiera gente capaz no sólo de causar daño físico a un par de personas que su peor crimen fue soñar que podían viajar por el mundo en bicicleta; sino de llegar hasta desecrar sus cuerpos. Seguramente  hay una diferencia entre ser un criminal de pacotilla y ser alguien malvado; y lamentablemente hay personas en los 100kms que hay entre San Cristóbal de las Casas y Ocosingo cuya maldad es indecible.

Acción de visibilización por parte del grupo de MTB Murciélagos, de Ocosingo

No obstante, me consuela pensar que si de verdad estos ciclistas fueron abordados, torturados y asesinados para robarles y despojarles de sus pertenencias… no pudieron – y con eso me voy a dormir más ligero- robarles su libertad. No pudieron llevarse cientos de amaneceres, atardeceres, sonrisas que les regalaron en sus caminos, desiertos, montañas, lagos, ríos, mares; cada partícula de aire y cada rayo de luz que seguramente les llenó de alegría y esperanza por la vida.

¡Descansen en paz Krystoff y Holger! Nunca nos cruzamos en la vida, nunca nos conoceremos; pero parafraseando aquel viejo adagio: cicloviajeros somos y en el camino nos encontraremos…

 

Recomendación: en los próximos meses quizás lo mejor sea evitar pedalear la ruta entre San Cris y Ocosingo (el transporte no es tan caro y la ganancia por 100 pesos invertidos puede ser la vida misma). Si deciden pedalear de todos modos, lo conveniente es hacer una cadena de contactos e ir notificando, para poder reaccionar más rápidamente. Yo me ofrezco a ser monitor.

 

NOTAS DE PRENSA:

El ciclista alemán sí fue asesinado en Chiapas

El ciclista alemán sí fue asesinado. Holger murió de un disparo y el ciclista polaco de un golpe, los agresores manipularon la escena para que pareciera un accidente. Esta es la nueva versión de la Fiscalía de Chiapas:

Posted by Ciro Gómez Leyva on Friday, May 11, 2018

 

https://regeneracionradio.org/index.php/represion/desapariciones/item/4881-los-peligros-de-oxchuc-que-los-cicloviajeros-holger-y-crzystof-no-conocian

Movimiento internacional exige que se aclare la muerte de dos ciclistas europeos en Chiapas

 

RECURSOS Y APOYOS A CICLISTAS EN RUTA:

https://www.facebook.com/ruedalibre.chiapas.3

https://www.facebook.com/murcielagosmtbocosingo/


Colgado en el Tacaná; u Oda a la Hamaca

Me es imposible estar en una hamaca y no sentirme feliz de entrada, como porque sí.

Luego el cuerpo se va ajustando a flotar en el aire -viscoso al fin- y poco a poco cede a temer que las cuerdas cedan.

De todos modos el suelo no queda tan lejos; y aunque fueran unos pocos minutos son suficientes para activar la tan necesaria serotonina.

Cuando pienso en cuántos lugares, entre cuántos árboles, en descampados, playas, bosques, casas, establos, etc he colgado mi hamaca me da algo de pudor… pero si es que en esencia soy hamacófilo. No podía ser de otra manera.

Negar eso sería como negar la compasión que puede uno proyectar y amplificar desde una hamaca, lugar inofensivo y primigenio… un útero suspendido entre dos puntos que conectan a la tierra, a los demás.

Mi hamaca, mi barco en el que enfrento la adversidad, la alegría, el amor; la perplejidad por las cosas simples y hermosas.