Réquiem por 2 sueños

Esta nota la escribo con el hígado en la mano, con rabia e impotencia. La escribo porque las últimas noches no logro conciliar el sueño y quizás esta sea mi válvula de escape; porque quizás así le puedo rendir un humilde homenaje a la libertad, esa musa que anda por ahí risueña y alborotando nuestros corazones.

Cuando uno agarra la bici y decide irse a viajar, a recorrer mundo, a experimentar lo que es vivir de nómade sabe -muy en el fondo lo sabe- que quizás nunca vuelva a ver el lugar del que salió, a la gente que amó, o a probar la comida con la que creció o aquel atardecer que le enterneció. Uno sabe que en el fondo está poniendo todas las cartas sobre la mesa y le está diciendo a la vida: “aquí voy todo por el todo”. Y aunque uno en el fondo no quiere, sabe que puede perder lo más valioso que tiene: la vida. Todo por vivir extremamente en el presente, por experimentar en carne propia la libertad de viajar en bicicleta… sin horarios, sin fechas límite, con el corazón abierto a todo y esperando siempre atraer hacía sí lo mejor de la gente.

No sé si a todo el mundo le pasó la primera vez que acampó en el medio de la nada, de sentir el corazón palpitar de zozobra ante el espeluznante hecho de que en medio de la noche se escondiera algún mal. Algún bicho ponzoñoso o algún malviviente desalmado que pudiera hacernos daño de alguna manera e impedir que siguiéramos rodando. A mí sí; y no fueron pocas veces. Por eso siempre trataba de quedarme cerca de poblados, casas, algún contacto humano y amistoso. Aunque no siempre el peor peligro que yace es animal ni es la noche oscura…

Esta entrada trata de cuando el horror se hace realidad; de cómo dos ciclistas que pasaron por mi pueblo y poco después perdieron sus vidas y sus sueños de moverse en bicicleta y de experimentar las maravillas que el mundo tenía para ofrecerles. Se dice que por un robo; que ese fue el móvil del doble asesinato. Al principio las “autoridades” a cargo lo negaron, lo dibujaron de accidente (cuando cualquier ciclista que haya viajado una fracción de lo que estos viajeros habían pedaleado sabría -al ver el lugar de los hechos- que es altamente improbable, sino imposible, caer en ese abismo y toparse con la muerte de esa forma tan trágica). Se trata de cómo un polaco y un alemán tuvieron que experimentar el horror, por sus ideales de vivir la libertad como pocos en este mundo posmoderno y ultracompetitivo se lo permiten.

Normalmente me gusta hablar de las cosas lindas que tienen los lugares por donde paso, por donde vivo… pero cuando hay que decir lo malo, hay que decirlo. Sobre todo si eso le puede salvar la vida a alguien. Acá en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas que diga, se vive bien. La gente es por lo general amable, la comida rica, el costo de vida moderado (aunque los ingresos bajos). Hay conflictos y hay violencia; como en casi todo lugar. Pero nunca me sentí inseguro. De hecho, hice ese mismo recorrido apenas dos semanas antes de que acaecieran los tenebrosos hechos a estos viajeros cuando fui de acá para la Laguna de Miramar.

Fue un viaje cansado pero hermoso, el ir descendiendo desde los Altos hasta la Selva. Fue tan poco peligroso el lugar donde se dice que ellos cayeron, que cuando fui a visitarlo el fin de semana pasado (para junto con otros ciclistas colocar una bicicleta blanca en su honor), me pareció increíble que siquiera se barajara una hipótesis tan vaga y poco concluyente. Hoy se dice que sí hubo mano criminal; pero no hay culpables. Gana la impunidad, como en tantos otros casos en este hermoso y dolido país de América Latina.

Bicicleta blanca colgada en donde fueron encontrados los cuerpos de los ciclistas

Estando allí me corrió un escalofrío de pensar que esa bicicleta blanca pudo haber tenido mi nombre en la plaquita. Y eso cambia algo por dentro. Pero me rehúso a dejar el miedo entrar, y sé que más ciclistas seguirán pedaleando esa ruta y que de alguna manera las cosas seguirán sus cursos “normales”. Se dice que una cuarta parte de los asesinatos del mundo (sólo el año pasado) ocurrieron entre Brasil, Colombia, Venezuela y México. Bueno, yo viajé 10 meses en Brasil, 5 meses en Colombia y mes y medio en Venezuela y lo único que encontré fue gente increíble que me tendió la mano una y otra vez. Ahora vivo en México, y me cuesta creer que en mi estado, en mi patio trasero, hubiera gente capaz no sólo de causar daño físico a un par de personas que su peor crimen fue soñar que podían viajar por el mundo en bicicleta; sino de llegar hasta desecrar sus cuerpos. Seguramente  hay una diferencia entre ser un criminal de pacotilla y ser alguien malvado; y lamentablemente hay personas en los 100kms que hay entre San Cristóbal de las Casas y Ocosingo cuya maldad es indecible.

Acción de visibilización por parte del grupo de MTB Murciélagos, de Ocosingo

No obstante, me consuela pensar que si de verdad estos ciclistas fueron abordados, torturados y asesinados para robarles y despojarles de sus pertenencias… no pudieron – y con eso me voy a dormir más ligero- robarles su libertad. No pudieron llevarse cientos de amaneceres, atardeceres, sonrisas que les regalaron en sus caminos, desiertos, montañas, lagos, ríos, mares; cada partícula de aire y cada rayo de luz que seguramente les llenó de alegría y esperanza por la vida.

¡Descansen en paz Krystoff y Holger! Nunca nos cruzamos en la vida, nunca nos conoceremos; pero parafraseando aquel viejo adagio: cicloviajeros somos y en el camino nos encontraremos…

 

Recomendación: en los próximos meses quizás lo mejor sea evitar pedalear la ruta entre San Cris y Ocosingo (el transporte no es tan caro y la ganancia por 100 pesos invertidos puede ser la vida misma). Si deciden pedalear de todos modos, lo conveniente es hacer una cadena de contactos e ir notificando, para poder reaccionar más rápidamente. Yo me ofrezco a ser monitor.

 

NOTAS DE PRENSA:

El ciclista alemán sí fue asesinado en Chiapas

El ciclista alemán sí fue asesinado. Holger murió de un disparo y el ciclista polaco de un golpe, los agresores manipularon la escena para que pareciera un accidente. Esta es la nueva versión de la Fiscalía de Chiapas:

Posted by Ciro Gómez Leyva on Friday, May 11, 2018

 

https://regeneracionradio.org/index.php/represion/desapariciones/item/4881-los-peligros-de-oxchuc-que-los-cicloviajeros-holger-y-crzystof-no-conocian

Movimiento internacional exige que se aclare la muerte de dos ciclistas europeos en Chiapas

 

RECURSOS Y APOYOS A CICLISTAS EN RUTA:

https://www.facebook.com/ruedalibre.chiapas.3

https://www.facebook.com/murcielagosmtbocosingo/


40 (casi) en la 40!

Recorriendo la panamericana en el norte de Chile
Recorriendo la panamericana en el norte de Chile

Uno de los mayores aprendizajes de estos útimos 20 meses de viaje ha sido ver que en la vida nada de lo que uno planea se da como uno quiere -o cree que quiere- que se dé; más bien se va a dar como se tenga que dar y cuando se tenga que dar. O sea, la vida lleva su propio curso y uno sólo puede fluir con ella. No perder la capacidad de sorprenderse de esto es también una forma de disfrutar y apreciar las cosas que nos pasan.

En enero de este año, allá en Argentina decidí (por qué no?) ir hasta Ushuia. Cuando salí de Costa Rica no tenía demasiado interés en llegar hasta el final del camino, pero sí ganas de andar por la Patagonia (o al menos hacer trekking por allá). Así que en febrero, dando el rol con mi madre, le puse slogan a este 2016: “40 en la 40”, a propósito de mi natalicio, y porque en octubre me había previsto estar al inicio de la mítica ruta 40. Pero como decía, la vida es una ebullición de sensaciones y los caminos que van siguiendo nuestros pasos son resultado de una compleja alquimia entre sentires y quereres. “Una pedaleada a la vez” reza el banner del ciclonauta -mi alter ego, o chamán interior, o como quieran llamarle- que alguna tarde medio apurado se me ocurrió.

Atardecer en Paracas, Perú; restableciendo un abrazo infinito
Atardecer en Paracas, Perú; restableciendo un abrazo infinito

En Uruguay decidí otro desvío interesante: volver a Brasil dejando fuera de ruta al Paraguay, por las ganas enormes de seguir conociendo uno de mis países favoritos, y porque tenía como destino llegar a Perú y hacer un poco de mochila. La idea de la ruta 40 seguía repicando en mi mente, a pesar de que ni el viento ni el frío los hayo muy disfrutables. Un nuevo desvío en el camino y la decisión de que la bici es estrictamente para disfrutar hicieron cambiar la brújula para Norteamérica; y se comienza a escribir un nuevo capítulo.

Viajar en bicicleta es una de las sensaciones más parecidas a la libertad que he conocido, y poder hacerlo por prácticamente todos los países de América del Sur (salvo las Guyanas, Suriname y Paraguay) ha sido uno de los hitos más significativos para mí. Sé que soy bueno para soñar sueños y cumplirlos, y eso ya no se me quita. Así que luego de más 20 años de soñar con biciviajar por América del Sur, y dos capítulos que suman más de 27 meses y 23,000 kilómetros, es que puedo decir que cumplí mi sueño. Y eso no tiene precio.

Hermosos cronopios chilensis en día de caminata en la Quebrada Macul.
Hermosos cronopios chilensis en día de caminata en la Quebrada Macul.

Acaso por coincidencia, vengo a cumplir 40 años que marcan el final de una etapa y el inicio de otra. Un periodo donde he crecido y me he curtido en soledad y en compañía de hermosos extraños (duendes, cronopios, ángeles, etc); donde he estado feliz y triste, pero sobretodo en paz. La vida no tiene que ser una línea recta donde hay que hacer las cosas que dicta una sociedad caótica y miedosa; y vale la pena perderse por los senderos no lineares y a veces escabrosos, con sus momentos a veces dulces y a veces amargos.

img_7108-640x427

No puedo ocultar mi alegría, ni el agradecimiento a tantas personas que me ayudaron de una y mil maneras a seguir adelante con este viaje; apoyando con una sonrisa, compartiendo música, tiempo, comida… La suma de todo, y el compartir con tanta gente que me dio tanto a cambio de tan poco, me ha enseñado que el corazón es un enorme lugar al que le cabe todo el amor, donde se puede cultivar estar bien con uno y compartir con los demás.

 

(a unos cuántos grados longitud oeste de la Ruta 40)

 


Tambopata en el corazón

Pintura del río cósmico, mostrando la cosmología Inca (Qoricancha)
Pintura del río cósmico, mostrando la cosmología Inca (Qoricancha)

Luego de unos días de -no miento si digo- retiro espiritual contemplando el río cósmico tantas noches bajo el mejor cielo del mundo, en el Lago Titicaca, llegó la hora de cruzar a Perú. Estoy yendo por dos excelentes excusas: conocer el proyecto de los amigos de ARBio en la amazonía y reencontrarme con Tania en Lima para -entre otras especias- evadir el invierno más al sur yendo hacia Uyuni. Confirmadamente las temperaturas están muy por debajo de los 10 grados bajo cero, y este ciclonauta tiene intolerancia crónica a los fríos extremos.

 

 

28481012505_5497e266f2_z

Cusco me recibió a -1 un grado a las 6am, no sin antes volver a pasar uno de esos sustos fronterizos que me suceden de cuando en vez. Tomé el último bus de Copacabana para llegar temprano a Cusco, y nos tocó pasar el puesto frontera casi de últimos. Resulta ser que hace algunos años hice una parada entre vuelos de Argentina a Costa Rica. Una noche en Lima, apenas tiempo para probar mi primer anticucho. Siete años después todavía nadie se enteró de mi salida, porque se borró en su sistema, y ahora el tipo del escritorio de una frontera entre el lago y la nada, me quería cobrar la simpática cifra de US$2900.

Yo no pude más que reírme y pensar que era un chiste; al final me había pasado algo igual en Guatemala. El tipo no quería dejarme ir sin pagar la multa, o me estaba dando una señal que no entendí para la coima. De todas maneras el chiste se puso serio, y en todo caso se cansaron de no darme la razón (que no era mi problema, por supuesto) y al final -para no alargar esa última hora de la jornada laboral- me sellaron 40 días, ni más ni menos.

Ese día en Cusco fue para reconocer un lugar en el que había estado hace ya tiempo, en otra vida parecería, pero que hasta identificaba y me sentía familiar en cosas, y en otras se me hizo totalmente ajeno. Como la cantidad de mochileros -grupo al que ahora yo pertencía- por todas partes. Y es que ya uno lleva “la procesión” de la fiesta en otro ritmo. De todos modos sirvió para darme cuenta que la pizza sabía mejor en Bolivia, y de que algunos tours eran tan returs, que hasta me dio la impresión de ser todavía más envilecido por el turismo que ticolandia. Como el mochileo acabará aquí en poco más de un mes, tampoco era momento de planear mucho, sólo ojear.

Vista del Ausangate y los pueblitos de altura
Vista del Ausangate y los pueblitos de altura

El bus desde Cusco hasta Puerto Maldonado, en el departamento (más biodiverso del Perú, decía un rótulo en el camino) de Madre de Dios, tardó apenas unas 10 horas. Es tan rápido porque ahora existe la carretera Interoceánica, la cual como su nombre indica une el Pacífico con el Atlántico atravezando uno de los corazones – de los pocos que van quedando – del bosque amazónico. Michel, mi colega-anfitrión-y-finalmente-amigo, me dijo “mejor tómate el bus de día, porque la vista es impresionante”. La verdad que no soy muy fanático de los días largos de bus, pero tomé su consejo. Y fue espectacular cruzar al lado del Ausangate (a más de 6000m de altura, con sus impresionantes glaciares), y empezar a descender -por kilómetros y kilómetros- de selva verde esmeralda, espesa, extraordinaria.

 

 

 

Ayudando a macerar la ayahuasca (Foto: Reyes Rodriguez)
Ayudando a macerar la ayahuasca (Foto: Reyes Rodriguez)

Volví a uno de mis biomas favoritos, iba a visitar a los compas de ARBio, cuya organización nace justamente para enfrentar el problema de la devastación del bosque que supone la construcción de la mega-carretera, dando opciones a los que manejan bosque de implementar alternativas más sustentables y a la vez productivas. Todo eso, y la verdad que es admirable el trabajo que hacen. Así que bueno, llegué y me sorprende de nuevo encontrar gente maravillosa, un bosque hermoso a los márgenes de los ríos Tampobapata, Madre de Dios, Piedras… Como iba por un par de semanas, pensaba que iba holgado con el tiempo; pero como sucede a menudo: se pasó rápido y parece como que hizo falta más… pero también aproveché muchísimo y lo pasé de diez.

Todos los días había alguna gestión que hacer (desde hacer mandados oficinescos, hasta buscar un costurero para hacer reparos de ropas, hasta estar tirado en la hamaca horas sin término reflexiondo sobre uno de mis mayores descubrimientos de lo que se va dando en este mi viaje: siento que he crecido. Y no lo escribo para alardear, sino porque es parte elemental de la historia y de todo este tiempo en los caminos de la vida.

 

 

Playa Botafogo, Río Tambopata
Playa Botafogo, Río Tambopata

 

Dio tiempo de conversaciones muy íntimas e introspectivas, de lecturas en la selva, de ver las pisadas del jaguar, de tomar la medicina ayahuasca, de soñar una vida allí incluso… Las noches de “friaje”, término que no conocía y que acabé experimentando en primera persona -junto a una copiosa tormenta amazónica- comenzarían a acenturar mi tos pos-zambullida-en-el-gran-lago que me acompañó varias semanas.

 

Amanece sobre el río Tambopata
Amanece sobre el río Tambopata

Maravilloso lugar, caótico y caliente, azotado por el flagelo de la minería (sus ríos tienen muchísimo mercurio), el desmatamiento por monocultivos varios (hasta de mi querida papaya) y un crecimiento urbano importante. Mi tiempo va marcando un cambio, que he venido celebrando con el calor humano de gente excepcional; llegar del gran lago en lo alto a las grandes llanuras selváticas… el futuro está por venir.

 


Relato de yungas y el reencuentro con el gran lago

Con una duenda cordobesa, compañera de aventuras santacruceñas
Con Vicky, duenda cordobesa, en Espejillos…compañera de aventuras santacruceñas

Una vez que todo quedó arreglado en Santa Cruz para dejar el equivalente a “todas mis posesiones materiales” seguras en casa de Diego y su familia; de conocer los alrededores de Santa Cruz (como Espejillos y Samaipata) y -no menos importante- hacer un poco de fiesta con la muchachada de CouchSurfing de Santa Cruz (y recordar que todavía me acuerdo de bailar salsa) tocó emprender el camino montaña arriba. Originalmente quería llegar a Madre de Dios por la vía no convencional, es decir, siguiendo las pampas y selva (Rurrenabaque) pero este camino presumía volver a entrar en Brasil saliendo por Cobija, para posteriormente entrar a Perú. Y como tengo una deuda de un par cientos de dólares con la migra brasileña, decidí que lo mejor era irse por la ruta del mochilero común y silvestre. Al fin y al cabo, tenía que ir ensayando lo que vendrían a ser mis próximos dos meses de viaje.

Coroico: descenso a las yungas

Comienza el descenso a las yungas
Comienza el descenso a las yungas

De Santa Cruz hacia La Paz hay muchas opciones de transporte, en muchos horarios. En total son más o menos 18 horas que se pueden hacer en dos tractos; y así tomar un desayunito en Cochabamba, en el mercado La Cancha (uno de los más grandes de Sudamérica). De ahí otra vez a emprender el ascenso de casi 4000 metros que lo dejan a uno azurumbado en la capital más alta del mundo. Como también andaba en misión de búsqueda de algo que me haga sobrellevar mejor el frío de Uyuni y Atacama cuando retome la bici, me fui de tienda en tienda sin resultados muy esperanzadores. Lo bueno fue que aproveché para renovar zapatos y alguna ropa (cortesía de mi santa madre), que en definitiva iban a hacer falta para andar en este nuevo estilo mochilero.

Lavar ropa a mano, pero con una vista alucinante
Lavar ropa a mano, pero con una vista alucinante

Un día y una noche y rumbo a Coroico. Esta ciudad, a unos 1800 msnm, queda apenas a 90 kms desde La Paz; por lo que no hay que ser muy diestro en geografía para entender que uno va literalmente en un descenso pronunciado durante unas 3 horas de camino; pasando de lado picos nevados a 4700m y viendo cómo cambia el paisaje desde nieves y hielos, hasta jungla nubosa tropical. Una maravilla de camino. Aquí queda el gringamente célebre paseo del “Camino de la Muerte”, que se hace en bicicleta por una trocha que hoy sólo se usa para turistas, y que la verdad yo estaba muy feliz de no hacer en bici; porque ya aprendí luego de un ligamento roto que caerse de la bici bajando a toda velocidad no es el elixir de la felicidad. Cada quien con su fórmula, no?

 

Una estiradita de las gambas, y a caminar!
Una estiradita de las gambas, y a caminar!

Desde Coroico, pequeño pueblito turístico colonial, llegan muchos que acaban el trekking de El Choro, y quienes además continúan a la amazonía a Rurrenabaque. Yo sólo fui a descansar un par de días, pues la verdad me hacía falta estar sólo luego de días bien sociales en Santa Cruz, y para hacer algunas caminatas de un día en pueblitos vecinos. Valga mencionar que utilicé wikilocs para guiarme en estas caminatas, y en una perdí pie y me trastabillé barranco abajo. Si bien sólo me raspé, creo que no había sentido tal susto de perder “el control” y lo que me costó volver a subir. Mas todo salió bien y un señor me esperó al final para regalarme una mandarina y contarme que me estaba observando desde hacía rato. Le preocupaba porque ya alguien había “dejado de ser”, según su modo de expresarse, andando por esos senderos.

Tres días en Coroico y agarré todo el impulso para mi siguiente objetivo: el Lago Titicaca.

 

Copacabana e Isla del Sol

María Amortiticota, y Horacio (el perro-lobo) desde el mirador del Inca
María Amortiticota, y Horacio (el perro-lobo) desde el mirador del Inca

De paso otra vez por La Paz aproveché para conocer algún museo, comer salteñas, una birrita artesanal a pesar de tener frío y acto seguido contactar a María. Una super genial couchsurfer que había contactado desde hacía tiempo; pero que en realidad fue el destino el que se encargó de que coincidierámos porque en realidad yo me re-atrasé y ella se había ido de viaje. Fue tal la sincronía que nos encontramos en La Paz misma para ir juntos a Copacabana, puerta de entrada al gran lago sagrado. Yo había estado allí hacía 11 años, sólo que mi recuerdo es más bien haber estado muy resfriado -cuando íbamos dirección hacia el sur-. Esta vez fue todo mucho más fluido; mucho más allí presente. María es una amante y entusiasta del lago, de sus misterios, de su gente y de todo lo que involucra lo sagrado del Titicaca y la Cotamama (madre agua). Resuena aún una frase de sus amigos, un krishna rebelde, que decía que uno tenía que escuchar a su shamán interno; lo demás es fanfarronería -agrego yo-.

Así que fue muy místico y relajado -bueno, también nos fuimos de bailongo esa primera noche porque yo celebraba mis 500 días de viaje!-; y lo que en principio iba a ser sólo una noche para luego seguir a la Isla, fueron 4 días donde además le ayudamos a hacer una mudanza de su antigua casa y compartir con otro ciclista. De todos los que uno se podría encontrar, apareció nada menos que CrazyGuyonaBike, uno que fuera mi referencia desde hace años porque en su página hay muchos datos de mecánica interesantes. Así que fue un lindo preludio para arrancar hacia el lago, todavía con Singani en la sangre, hacia la Playa de las Sirenas.

Vista desde mi cuartito en Playa Las Sirenas... que no se dejaron ver
Vista desde mi cuartito en Playa Las Sirenas… que no se dejaron ver

En la Isla del Sol, del lado norte, queda una playita que pocos conocen, y que tiene una especie de eco-hostal, que en realidad son 3 edificios de barro, con cuartos muy sencillos, sin electricidad y apenas un tubo externo para agua y una cocinita super sencilla. Al llegar te dan una vela; mas el lugar era divino!! La playa era maravillosa, y allí me encontré con Linn y Martín y Jairo; una alemana y un par de uruguayos con quienes compartimos fogatas, comidas, humitos y mucha buena onda. El lago -no me alcanzarían las palabras para describirlo- tiene un aire de paz y espiritualidad que fácilmente puede atraparlo allí a uno por mucho tiempo, contemplando sus profundas aguas color diamante, la sierra real andina a lo lejos, el frío del aire, y el gran río cósmico que por las noches deja sentir todo el poderío de los astros. De nuevo, me iba a quedar sólo un par de noches, y acabé quedándome cuatro.

La bandita de La Sirena!!
La bandita de La Sirena!!

El frío estaba la verdad extremo por esos días, mas no pude contenerme de las ganas de entrar a las aguas cristalinas del lago, y a pesar de que todos pensábamos que nos íbamos a resfríar en el acto, lo toleramos y yo me zambullí incluso dos veces. No sabíamos, eso sí, que a Linn le iba a dar pulmonía luego, y yo arrastré una tos de perro en las siguientes semanas -que sumada al polvo de los caminos- todavía ando un poco. Mas valió la pena cada minuto de estar allí, cada rayo de sol y estrellas; así como la caminata hacia la parte sur de la isla, para ahora sí despedirme de este bello lugar al que no sabía que iba a tener la dicha de regresar por segunda vez… hasta quizás una tercera!!

 

 


Duendes

Duende viajero

entre sueños y estrellas

+++

Destino errante y errado

Destino llegar y ser tierra

+++

Duende peregrino

entre fuegos y vientos

+++

El camino de todos

el camino de uno

+++

Duende ligero

entre montes y lagos

+++

Los ríos que nos recorren

nos toca recorrerlos

 

(Cusco, Perú)


El solsticio es para soltar

Quizás por la ubicación geográfica de donde yo nací, el paso del Sol se hace bastante regular y eventos de la magnitud de solsticios y equinoccios pasan desapercibidos por lo que podría llamarse la cultura popular tica. No obstante, en las geografías al norte y sur de los trópicos -no vamos a decir países, que son delirios de los humanos – muchos aspectos de la vida están decidimente regidos por las estaciones. Y bien, es el Sol el que marca estos importantes cambios y anuncia -en el caso del solsticio del hemisferio sur- el invierno.

Asado con el grupo de CouchSurfing de Santa Cruz, en mi casa adoptiva donde Diego
Churrasco con el grupo de CouchSurfing de Santa Cruz, en mi casa adoptiva donde Diego

Hace unos días llegué a Santa Cruz de la Sierra, donde a través de los contactos con el grupo de CouchSurfing, tenía ya una casa donde llegar: donde Diego. Acá sería la meta de un periplo de bici que arrancó en Concepción del Uruguay (Argentina), y me llevara a cruzar Uruguay y el sur de Brasil. La meta, porque a partir de acá Pantagruela y la mayoría de mi equipo se iban a quedar en algún lugar seguro, es seguir un par de meses de mochilero (que entre otras cosas me da la ventaja de evitar lo más crudo del invierno). La ruta: llegar a la altura de Lima pasando por las Yungas, el lago Titicaca y la amazonía peruana. (Relativamente conciso el itinerario).

El Fuerte de Samaipata; en una mañana más bien diríamos gris de solsticio de invierno
El Fuerte de Samaipata; en una mañana más bien diríamos gris de solsticio de invierno

Volviendo al solsticio… resulta que en Bolivia los diferentes pueblos y etnias (que son muchxs) celebran este paso del Sol, que comienza a acortar los periodos de luz y por ende el calorcito que nos llega. Cerca de Santa Cruz, comenzando a subir la cordillera, se encuentra Samaipata. Este lindo y singular pueblito resguarda lo que es considerado el petroglifo más grande del planeta; es decir una gran piedra tallada por indígenas -presumiblemente chanés e incas- el cual es llamado El Fuerte.

Diego y los compas -que nos aguantaron pidiéndole canciones- de algún grupito folklórico
Diego y los compas -que nos aguantaron pidiéndole canciones- de algún grupito folklórico

Allí cada año se reunen indígenas guaraníes y aymaras, en una celebración conjunta que bautizaron como “Lucero del Alba”, pues básicamente la idea es esperar la salida del sol y mientras llega la hora de los ritos, festejar. Con el tiempo la cuestión se convirtió en una fiesta que empieza con danzas y cantos folklóricos y acaba en bacanal y borrachera (relativamente bajo control). Con lo que yo no contaba aquella noche fue con el frío y la neblina -que hasta se convirtió en llovizna en algún momento-. De no haber sido porque había un rancho grande para escuchar los tambores de los hippies y por la hoja de coca con bica (que de fijo hizo que olvidara el frío y el hambre) otro gallo cantaría. Además, esa noche era de las pocas veces que coinciden la luna llena con un solsticio.

Sonambuelando llegué al final del sendero que descendía alrededor del gran monumento al arte rupestre
Sonambuelando llegué al final del sendero que descendía alrededor del gran monumento al arte rupestre

Mas quiso el destino que no se vieran ni una ni otro. Esa noche y la mañana siguiente El Fuerte fueron cubiertos de nubes que no dejaron pasar la luz de los astros; pero esto no impidió el normal desarrollo de los rituales y un paseo -trasnochado- alrededor de esta imponente roca. Diego – mi compañero de parranda – se me había perdido hacía rato, pero no fue difícil encontrar otras almas afines con quienes hacer el recorrido y reflexionar sobre este fenómeno.

En últimas, las estaciones pasan… tienen que hacerlo. Todo pasa. Y en el cambio viene la renovación, la reconfiguración. Esa mañana me enteré de la muerte de una persona a quien admiraba. Se fue así fugazmente con el cambio de estación, con la luna y el calor del trópico. Ahí caí en cuenta de que más allá del trasfondo de la fiesta, la celebración es por el cambio. Y en el cambio es necesario soltar.

Quién no va a estar feliz luego de ver aquellos cóndores volando??
Quién no va a estar feliz luego de ver aquellos cóndores volando??

Habiendo pasado la resaca del trasnoche y el ron, subí al Cerro Patria (en Samaipata) con Vicky, otra duendecilla viajera. Allí, disfrutando del solcito de la tarde y conversa relajada llegó un momento que quería vivir, pero que no sabía que iba a pasar allí. De repente, en la quietud del aire se empezaron a desplegar las enormes alas de unos cuatro cóndores; aprovechando el aire caliente para subir hasta alturas que apenas dejaban ver dos o tres puntos allá en el aire. El sol, imponente justo sobre nuestras cabezas, le daba cierta fragilidad a nuestra posición y mucha ventaja al enorme carroñero (menos mal que no era de rapiña). Sólo puedo decir que el imponente sonido de las alas cortando el aire son algo que no olvidaré, y la tranquilidad con la que esos cóndores nos sobrevolaron y luego se llevaron mi intención con el aire, para soltar y aceptar los cambios con alegría.


Bioconstrucción y compinchería en Sitio Passarim

Preparando la masa del día
Preparando la masa del día

Cuando iba pasando por Umuruama, la última ciudad del estado de Paraná, Ana -quien me hospedara- me habló del Sitio Passarim. Me dijo que tenía que conocer (aunque luego supe que ella todavía no conocía). Así que me puse en contacto con ellos por su página y pensé: si sale, sale. Al principio me respondieron que ya estaba llena la cuota de voluntarios, pero luego parece que a seu Antonio, el padre y gestor del Sitio, le llamó la atención que fuera agroecólogo. A mí me llamaba la atención aprender más de bioconstrucción, conocer un lugar y gente nuevas, y sobre todo la terapia del barro…

 

Cascada en Rio Verde
Cascada en Rio Verde

Sitio Passarim por ahora es un espacio donde se ponen en práctica diversas técnicas de construcción con barro, desde pique-y-palo hasta superadobe, y cuyo objetivo luego de un tiempo será la construcción de una vivienda y unos bungalows para alquilar; siendo que Rio Verde empieza a tener más auge con el ecoturismo, al ubicarse en el extremo este y de altura del Pantanal. Por ello le llaman el mirador del Pantanal. Así que allí llegué desde Campo Grande -capital del Estado de Mato Grosso Sul- y luego de pasar unos días en ruta probando las nuevas ropas para frío que me llegaron a la casa de Rene en Dourados.

 

 

Con Anna y Mummu, compartiendo tardes y humitos
Con Anna y Mummu, compartiendo tardes y humitos

En Campo Grande Anna y Mummu me dieron no sólo un espacio para armar la carpa, sino que también un montón de su tiempo para ir a conocer la ciudad en bici, y los rincones naturales que alberga… Curiosamente unos amigos de ellos también conocían el Sitio Passarim y me encomendaron mucho ir; así que aunque parecía que el invierno estaba cada vez más presente, había que enrumbar un poco más al norte. Además, salí con un banquito de camping que probó ser super práctico en las posteriores reparaciones mecánicas, y unas patas de bambú para mi pequeño trípode que dieron altura a mis retratos :p.

 

 

Vista desde el mirador de Igrejinha al atardecer
Vista desde el mirador de Igrejinha al atardecer

Rio Verde de Mato Grosso queda a unos 200 y pocos kilómetros al norte, y es popular por los balnearios -como Sete Quedas- con cascadas y aguas frescas. Allí me quedé casi dos semanas trabajando con Rafinha y su combo: una docena de gente linda con quienes hacíamos mezclas de barro, apuntalamos paredes, hicimos paredes de ladrillos de barro y revoque grueso. A pesar del frío fueron días con su calorcito, y algunas lluvias; pero no impidió que pudiéramos ir al río a pegar un chapuzón, o a hacer una caminata a Igrejinha, desde donde hay un impresionante mirador hacia todas las planicies inundables del Pantanal. Desde la Fazenda Igrejinha, donde entramos porque Beto nos dio esa cortesía, se pueden ver las partes más altas y rocosas, donde al parecer los jaguares usan para la época de gestación va desde octubre a febrero. Ahí hay que andar con extremo cuidado, porque un encuentro con una jaguara parida no debe ser nada placentero.

Poco a poco nos íbamos yendo... y me tocó a mí un buen día.
Poco a poco nos íbamos yendo… y me tocó a mí un buen día.

Ya para estos días la certeza de salir de Brasil, luego de haber tenido la suerte de encontrar sólo gente buena en mi camino, que me abrigó del frío o me ayudó a seguir mi camino, ya empezó a darme saudade… Ese sentimiento que no se puede explicar, pero que en portugués tiene tanto sentido. Esa tristeza y alegría al mismo tiempo; esa nostalgia pero sin anhelo. Así que después de esos días, me enrumbé justo por la BR419, calle que nadie conocía bien, pero que según el mapa iba bordeando el Pantanal hasta llegar a Aquidauana. Aunque seu Antonio recomendó irme por otra ruta, al final el corazón mandó por otra dirección. Y es que justamente mucho del aprendizaje por estos días, y referido a la bioconstrucción, era cuando se trataba de tomar alguna decisión sobre cuánto barro poner, o refuerzos, o masa, o etc… Decía seu Antonio: esto es tecnología intuitiva, siga su corazón.

Altos aprendizajes y gente linda… preludio de mi certeza de que Mato Grosso do Sul tiene mucho para ofrecer.