De cumbres y cañones, resfríos y recalores

La verdad que de todo el tiempo que estuve en Colombia, me sentí como muy en casa, como muy cómodo, y los paisajes, la gente, la comida y demás me gustaron mucho. Pero inevitablemente hay caminos que a uno lo impresionan más que otros.

Saliendo y ponchando
Saliendo y ponchando

En este caso, al salir de La Calera -luego de mi participación en la construcción de un kiosko en barro- ya me tocaba ir buscando salida hacia Venezuela si es que voy a llegar algún día a la Patagonia y si quiero ir esquivando el invierno conforme me voy moviendo al sur. Así que nada, tocó agarrar los motetes y empezar a rodar luego de dos semanas “jugando” con barro.

Si bien no soy de describir kilómetro a kilómetro este recorrido, vale decir que los casi 600 kilometros que recorrí, cruzando los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Santander y el Norte de Santander, estuvieron llenos de paisajes hermosos, montañas, ríos, cañones (semi – desérticos) y páramos. Un festín visual digno de un cicloviaje, con todo y dos ponchadas en un día en la misma llanta!

Todavía falta una capa de paja
Todavía falta una capa de paja

En Puente Nacional decidí buscar ayuda técnica por un problema en el descarrilador. El resultado fue que me di cuenta de que no soy tan malo, sí lento, para la mecánica; y que la cosa así no tenía arreglo. Me recibió un soñador resfriado y con ánimos de viaje. Lo mejor de conocer a Mario fue reconocer nuevas-viejas formas de viajar: era radio aficionado y así conocía cientos de lugares y oírlo hablar rumano! Una ruta en la que también tuve la oportunidad de parar a ayudar al amigo William, en su finca Zuansinca, y ayudar a podar los rebrotes de su parcela de café orgánico; así como aventurarnos a construir un bancal elevado (al estilo hugelkultur). La ruta pasó por la tierra mas vaquífera de Colombia, con monumentos a este docil rumiante, tan parte de la dieta de este país andino.

IMG_5279En  las Palmas de Socorro, tierra donde esta este proyecto de 2,5 hectareas; tambien tiene su historia de rebelion, donde los comuneros se sienten orgullos de haberse librado de los españoles en combates y batallas histrionicas. Son estos pueblos sublevados los que se suman a las fuerzas bolivarianas que arrancan desde La Gran Colombia y van avanzando la ansiada liberacion de los paises andinos. Con William tuvimos interesantes conversaciones yagenauticas, de creacion de comunidad, de un mundo que opere diferente y bajo otras reglas alejadas de la mercadotecnia.

IMG_5469Entre estos rodares también me tocó cruzar el Cañón de Chicamocha, un espectáculo retinal de la erosión y la ventisca, con descensos y ascensos altitudinales que dan vértigo. Bajar daba miedo, y subir me hizo sentir cansancios descomunales. Este rodar me hizo romper una de mis reglas primordiales: nunca llegar de noche a un lugar. Sin embargo, entré de noche a Bucaramanga, con la esperanza de certeza con Julián.

Bucaramanga es una ciudad chiquita, pero con aire de gran ciudad, con mucha movida de ciclismo urbano, un puerto universitario importante y un enclave de mentes abiertas y con afan de cambio. La verdad que la pase muy bien, con todo y que por primera vez experimente un resfrio que desde hacia tiempo no me tocaba. Dicen que fueron los cambios de clima, de muy frio a muy caliente y viceversa varias veces. Por suerte, la familia de Julian me acogio como uno de los suyos y ademas de una cama me dieron menjurjes naturales para aplacar los sintomas.

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Con mocos y todo tocaba seguir rumbo, y por poco se suma un viajero a mi ruta; pero Julian tendría todavía compromisos. Así que tocó encarar la trepada al Picacho por mi cuenta. Casi 50 kilometros de subida, 2500 metros altitudinales que me llevaron a 3400 msnm y llegar casi al oscurecer a un lugar tan frío que no pude más que meterme al primer y único hospedaje en el peaje. Como ver un oasis en el desierto!

Lo que siguió fue para nada esperado, un subir y bajar por horas y horas a temperaturas que llegaron tan bajo como 6 grados, con vientos helados y lluvia. Descender a Pamplona fue como una sopa de pollo para el alma (considerando que aun cargaba la cola del resfriado que me aquejó en los días anteriores). Entre a un lugar de comida caribeña, con dueños de Cartagena, como para calentar el espíritu. Pero ya no me podía quedar más allí, así que seguí bajando… Tocaron como 80Km de pura bajada, y de ascenso en temperatura hasta llegar a Los Patios (primer barrio de Cúcuta, que marcaba el final de una travesía de tres meses y medio por Colombia).

Uno se siente como un asalta bancos
Uno se siente como un asalta bancos

Allí Julian y su familia me abrieron las puertas y me recomendaron cómo cambiar dinero, cómo hacer el cambio de frontera, y cómo pasarla bien mientras el calor daba por sentado que estaba en una frontera (porqué sera que las fronteras siempre tienden a ser exageradamente calientes??).

Gracias a Lida y Tere por los contactos en la ruta, a los desconocidos que me dieronánimoss y algo mas, y a esos paisajes tremendamente bellos. Me voy muy feliz de Colombia, con deseos de conocer Venezuela y con animos para el camino, que se va poniendo cada vez más interesante.


Zuansinca.. de la per-tenencia a la tierra, la trascendencia de evolucionar y el vitalismo cósmico…

Hermosos paisajes santanderianos
Hermosos paisajes santanderianos

Llegué a Las Palmas del Socorro, después de salir de Puente Nacional a la tarde de ese día. El contacto me lo había pasado Lida en La Calera, y William estaba al tanto. Lo malo era que la conexión por celular no era muy buena, pero igual no hay más camino que avanzar. Así que cuando llegué al cruce antes, me comí un helado y esperé a que me entrara la llegada. Nada le impide a uno adornar la espera con elegancia, después de andar columpiando las lomas.

Llegado a donde William, ya al oscurecer, me contó un poco de su proyecto de finca. En realidad, un predio familiar que habían trabajado con agricultura orgánica, y que el principal producto era café orgánico y certificado para la exportación. El mismo lo comercializaban a través de un cooperativa, y bueno… el resto es historia (y no una mala historia!). Pero para William, el proyecto puede dar mucho más. Dos días puede parecer muy poco tiempo, pero bien aprovechados se puede puede conocer bien a otra persona y conectar en aspectos de autonomía y empoderamiento desde la perspectiva de la producción de alimentos, la espiritualidad y el respeto a la naturaleza.

Hablamos de la pertenencia a la tierra, más allá de la tenencia de la tierra; y del vitalismo cósmico como ética ambiental. De pronto para mí todas estas personas y puntos de vista, me hacen sentir que no estoy solo y que compartimos un llamado de atención ante la vida como se la pinta a uno “el sistema”: un camino en una sola dirección; y de pronto un suspiro de esperanza me embarga… de que las cosas puede hacerse no en una sino muchas formas en este mundo y este presente que nos toca vivir.

Chuponeando cafe organico (certificado RFA)

En el campo, me tocó trabajar con él en el café, haciendo unas podas selectivas de rebrotes en una de las parcelas y abonarla con lombricompost. Un día bonito rodeado de aves, monte y el frescor de los cafetales. Me hizo recordar a los que habían en mi infancia allá en Heredia; que hoy día en su mayoría son urbanizaciones con una sola entrada que van drenando las fuentes de agua y aglomerando y encerrando a las personas en sus ghettos burgueses. Al día siguiente nos propusimos una tarea para aprovechar tanta hojarasca y rama que había por allí: construir un bancal elevado. William no conocía la técnica, y yo nunca había armado uno. Así que ambos ganamos.

Proceso de construccion del bancal: entre mas elevado, mas tiempo dura
Proceso de construccion del bancal: entre mas elevado, mas tiempo dura

A grosso modo, la ciencia de este tipo de bancales es la liberación lenta de nutrientes (que se van desprendiendo de la descomposición de la materia orgánica) y el mantenimiento de la humedad al interior del bancal. Depende de la altura del mismo, este puede tardar años antes de que haya que hacer enmiendas o agregarle nuevas capas. En esencia, el también llamado hugelkultur (mas aqui), es una manera inteligente de utilizar los escombros de campo que de otra manera terminan desperdiciados en las orillas; así como de hacer mucho agro-fitness. Ojalá que William haya podido agregarle la última capa seca, y un día me cuente si la ha funcionado para su proyecto. 🙂